Ahora sí, Gary vete ya

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El valencianismo está harto.

Sí, puede tratarse de una afirmación recurrente teniendo en cuenta a la afición a la que se refiere. El valencianismo se hartó de Nuno hace unos meses como se hartó de Pizzi antes, de Djukic, de Valverde, de Pellegrino, de Emery, de Koeman y hasta de Quique Flores. Cualquier entrenador que haya pasado por el banquillo del Valencia ha provocado, merecida o inmerecidamente, el hartazgo de la hinchada che en algún momento.

En alguna ocasión hemos comentado lo injusta de una grada que exige mucho, que pide más, que nunca tiene suficiente. Le ha pasado a todos y cada uno de los nombres citados en el párrafo anterior y le está pasando, como no podía ser de otra forma, al actual inquilino del banquillo valencianista. A Gary Neville, el poco crédito que tenía, se le ha agotado. Esta vez el valencianismo sí tiene motivos para estar harto: el Valencia está cuatro puntos por encima de la zona de descenso tras 23 jornadas, se encuentra a diez de los puestos de Liga Europa y a 20 de los de la Champions League, una auténtica utopía para un equipo que arrancó la temporada disputando la máxima competición continental.

La llegada de Peter Lim saneó el club y trajo consigo una buena inyección económica que se tradujo en fichajes de muy alto costo pero escaso rendimiento. No se intuía que así sería cuando llegó, pero el tiempo está dejando en evidencia al mandamás singapurense. Se trajo a Nuno, amigo íntimo de Jorge Mendes que a su vez es amigo íntimo de Lim. Funcionó el primer año, pero en el segundo llegó su destitución. Tras el desaguisado con el luso, el dueño del Valencia no tuvo una mejor brillante idea que dejar al mayor de los Neville —un futbolista de impecable trayectoria pero un técnico en pañales— la silla eléctrica che. Sin experiencia al mando de un primer equipo, pero sí ante los micrófonos (era comentarista de televisión), dejó en manos de un entrenador que no conocía el club, la ciudad, el país ni el idioma la patata caliente en la que se había convertido Mestalla.

194 millones después de Lim, el Valencia lucha por la permanencia. Y si a lo que hace sobre el rectángulo de juego se le puede llamar luchar. Con una plantilla plagada de futbolistas con más futuro que presente pagados a precio de crack —cortesía de Mendes con la complicidad de Lim— Neville ha empeorado los números ya de por sí malos de su predecesor. Los cinco puntos de 27 posibles son unos guarismos que distan mucho de lo que se llama un revulsivo. El colmo de los despropósitos llegó hace unos días en el Camp Nou, cuando encajó siete que podrían haber sido doce en la ida de las semifinales de la Copa. No dimitió y en el Valencia parecía emplazarse a lo que sucediera hoy ante el Betis (1-0 para los verdiblancos) para tomar la decisión. García Pitarch, recientemente nombrado director deportivo, parece tenerlo claro. Y aunque con los resultados bastarían para decidir algo que hasta el más ciego puede ver, Pitarch debe aun así convencer a Lay Hoon, la presidenta y a Lim, que sigue a lo suyo, que por el bien de la amistad que le une a su socio inglés, Neville debe hacer las maletas e irse por donde vino.

El valencianismo, ahora sí que sí, tiene motivos para estar harto.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.