La pegada de Goliat

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Parecía que David se había mudado a Vallecas, puesto la camiseta del Rayo y escuchado las consignas de Paco Jémez. Le contaron que había que derrotar a Goliat, y le explicaron cómo hacerlo: nada de ir a lo fácil, de artimañas ni de esperar acurrucado. Tenía que hacerlo con una honda. Como si le dijesen al Rayo Vallecano que tiene que ganar al Madrid jugando al toque: qué tonterías. El caso es que David salió al césped de Vallecas con su honda y le propinó unos cuantos golpes a Goliat durante 45 minutos, y quedaría bien contar que el pequeño cumplió la gesta de derrotar al gigante, pero este salió vivo y, tras un descanso, hizo suyos los siguientes 45 minutos para reaccionar y hacer gala de la fuerza que se le presume. Como si el Madrid gana al Rayo por 0-2 gracias a dos goles de Cristiano Ronaldo y James: parece lo normal, otra cosa es lo que pueda costar conseguirlo.

Antes de empezar, el Rayo tuvo el contratiempo de la lesión de Cristian Álvarez en el calentamiento, con lo que Cobeño ocupó la portería rayista. En el once madridista estaba Bale, que superó las pruebas, y también James, así que Isco comenzó el encuentro como espectador. Quería Ancelotti un fútbol más directo, pero lo del primer tiempo fue una verticalidad mal entendida. Mientras tanto, el Rayo a lo suyo: da igual que tenga delante al Madrid que al Alcobendas. Presión arriba, juego por bandas y tenencia del esférico. Trashorras repartía juego, Embarba y Kakuta abrían el campo y Alberto Bueno se movía aquí y allá, mientras Manucho fijaba a los centrales y recuperaba también algún balón que otro.

Ante esto no supo qué hacer el Madrid, con los tres de arriba demasiado estáticos y Kroos y Modric perdidos en un centro del campo que parecía más grande de lo que era debido a lo disperso de sus ocupantes. No vio el conjunto blanco tanto como querría el balón, y cuando lo hacía, a menudo caía fácil en la trampa del fuera de juego tramada por Jémez. La suerte para los de Ancelotti fue que el Rayo no vio puerta: tuvieron sus ocasiones, pero fueron a topar con un día muy bueno de Casillas, de esos que ya no se ven tanto como antes. El arquero sacó algunos balones comprometidos, como un disparo de Bueno desde fuera del área que llevaba una acertada dirección.

No es que tras el descanso se viese un descalabro del Rayo, pero el partido fue otro. Los franjirrojos ya no estaban tan frescos como en la primera mitad y no tenían tanto el balón como entonces, mientras el Madrid parecía llegar al área de Cobeño con una facilidad inusitada minutos antes, fruto de una mejor organización y un sentido más colectivo. Así llegaron varios disparos que no encontraron portería como los de Marcelo y James, además de un penalti no pitado de Amaya a Cristiano Ronaldo por el que el portugués vio además la tarjeta amarilla. No se lo creía. El luso se perderá el próximo partido ante el Éibar por acumulación de amonestaciones, al igual que James y Kroos por el mismo motivo.

Parecía que el gol visitante era cuestión de tiempo en cuanto atinasen un poco la puntería, y esta llegó tras una gran jugada de Carvajal por la banda derecha antes de ceder a Cristiano, que marcó de cabeza su gol oficial número 300 en 288 partidos como madridista, casi nada. Reaccionó el Rayo con un buen disparo de Nacho pero de nuevo se topó con Casillas. La diferencia es que el Madrid rara vez perdona, y James sentenció el encuentro con la zurda desde el borde del área. Buen partido del colombiano, que ha tenido un feliz regreso tras su lesión. Cuanto más cerca está del área, más motivos para la preocupación tienen sus rivales.

No tuvo recompensa el Rayo a su gran primera mitad, aunque lo cerca que tiene el objetivo de la permanencia a falta de ocho jornadas no es desde luego fruto de la casualidad. Por su parte, el Madrid tacha otra fecha del calendario en su persecución al Barça, que sigue a cuatro puntos tras su victoria ante el Almería. Poco margen de error, muchas jornadas por delante y la Champions de por medio: hay liga.

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Gabriel Caballero