Comentábamos hace un mes la importancia que iba a tener tanto para el FC Barcelona como, sobre todo, para el Real Madrid, el mes de febrero que acaba de dejarnos. Había regresado la felicidad al cuadro blanco, con su clasificación para semifinales de Copa, con la Liga no tan lejos y con la ‘asequible’ eliminatoria ante el Ajax en el horizonte. Pero ha llegado marzo y los resultados no han terminado de ser los esperados. Aunque ganaron en Liga al Atlético en el Wanda y empataron en el Camp Nou en el torneo del KO, los últimos compromisos ante los blaugranas les han apeado tanto del campeonato doméstico como del copero… y en su propia casa. Aún queda, pero, la Orejona.

El Barcelona, por su parte, ha salido airoso del complicado calendario que se le venía encima. No con un fútbol maravilloso, ni mucho menos, pero ha logrado sacar los partidos adelante. Ante el Sevilla emergió la figura de Messi para rescatar a los de Valverde y en los derbis fue de menos a más. Aunque goleó en el de Copa (0-3), jugó mucho mejor en el de Liga (0-1). Lo único indiscutible, a fin de cuentas, es que el equipo barcelonista disputará la gran final en el Villamarín el próximo 25 de mayo y que sólo una hecatombe evitaría que reeditara la Liga. Con el archienemigo a 12 puntos, sólo el Atlético no pierde de vista a los culés. Dos títulos que tiene a tocar.

El nuevo clásico que tuvo lugar en Chamartín en menos de tres días volvió a dejar en evidencia los problemas del Real Madrid para plasmar sus acciones de peligro y la falta, sobre todo, de un hombre-gol que las sepa enchufar. Si alguien se pregunta dónde están los 50 goles por temporada que marcaba Cristiano Ronaldo, estaban en noches como la sabatina. Al Barça le bastó un acierto de Rakitic ante Courtois para volver a destapar las miserias de los de Solari, que si hace un mes ganaba enteros para seguir al frente de los madridistas, sólo la consecución de la Champions le mantendría al cargo. Suya tampoco es la culpa. El desequilibrio reina en una plantilla con escasos recursos en la que hombres de mucho peso tampoco están en forma. Aun así, los blancos no han dicho su última palabra, ni han disparado su última bala. Pero está claro es que el futuro, jugando así, pinta gris.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.