Reencuentro en Riazor

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No está siendo, ni de largo, el año esperado en La Coruña. Por el banquillo de Riazor han pasado ya tres entrenadores y hasta anoche, sumaban únicamente tres victorias en su casillero. Tras la confianza evaporada en José Luis Oltra y la espantada de Domingos Paciencia, su sustituto, la permanencia la dejó Lendoiro en manos de Fernando Vázquez. El reto, harto complicado, vivió ayer su capítulo más trascendente, el primero de una serie de envites cuyo fin es alejar del infierno de Segunda la escuadra coruñesa. De no haber logrado la machada ante el eterno rival, es probable que hoy la ciudad se hubiese despertado apagada, sin luz. Sin esperanza. Pero tras la exhibición mostrada ante el Celta (3-1), son muchos los que se aferran a los dos próximos partidos para comprobar si la mano de Vázquez y su comunión con la grada surte efecto o por el contrario, el destino le tiene guardado al Deportivo otra dosis de sufrimiento del malo.

Fue un derbi con tintes dramáticos. Primero y segundo por la cola, con problemas a lo largo del ejercicio y con la obligación de sumar, Dépor y Celta llegaron a un partido donde las urgencias asomaban. Una imagen de Hugo Mallo en vísperas del choque calentaba el duelo, al que no le hacen falta gestos como el jugador celeste para ganar emoción. A la emoción también contribuyó su manera Iago Aspas, que se autoexpulsó tras un remate de cabeza… a Marchena. Flaco favor le hizo la estrella visitante a sus compañeros, que con una hora por delante tuvieron que afrontar el partido en desventaja numérica y goleadora. Y es que para la infracción del ‘10’, el Deportivo ya se había adelantado en el marcador con una magnífica definición de Riki a pase de Valerón. Se le ponía de cara la victoria a los locales, que no recordaban lo que era sumar de tres en tres desde el mes de enero. Obligado a hacer de Riazor su caldo de cultivo, llegó el descanso.

Con el viento a su favor, el segundo tiempo fue testigo del golazo de larga distancia de Silvio que echó por tierra las maltrechas posibilidades de los de Abel Resino. Fue entonces cuando el Dépor se empezó a gustar y cómo llegó la guinda del pastel vía Salomao, que acababa de entrar en el terreno de juego. Ni el tanto de la honrilla del Celta, obra de Park, silenció un coliseo que coreó aquello de “sí, se puede” con la permanencia como mensaje de fondo. Los blanquiazules, que llegaban al partido a seis puntos del archienemigo, recortaron distancias y se sitúan a otros seis de la salvación, que la marca el Zaragoza. Precisamente los maños, en dos jornadas, y el Mallorca, antepenúltimo a falta de lo que suceda este fin de semana, serán sendos adversarios de los Vázquez, que tendrán que refrendar lo sucedido anoche si no quieren verse sumidos en el abismo. Un reencuentro con el triunfo que, como el último, llegó tras dos meses de agonía.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.