No parecía pintar demasiado bien la tarde para la parroquia barcelonista. Sobre la cancha del Sánchez Pizjuán coincidieron, durante 45 minutos, la versión de casa del Sevilla y la versión foránea o deslucida de las últimas semanas del Barcelona. El revolcón culé se olía a leguas entre otras cosas, porque nadie en el conjunto catalán estaba donde debía estar, porque el ambiente era ensordecedor y porque ni el mejor de sus futbolistas, Leo Messi, parecía tener su tarde. Y es que de un error del argentino nació el primer gol de los de Pablo Machín. Una pérdida del ‘10’ en pleno ataque de los suyos que, también hay que decirlo, no encontraban la manera de derrocar el buen planteamiento hispalense, propició una salida a la contra que Jesús Navas, tras el pase de Ben Yedder, no desaprovechó para abrir la lata.

Se confirmaban así los peores augurios. Sin embargo, no le duró mucho el dolor de cabeza al Barça ya que un centro de Rakitic desde el costado izquierdo lo empaló de primeras y de manera maravillosa Messi, que obtenía la redención por el regalo anterior al tiempo que iniciaba un festival que tendría continuidad durante la siguiente hora de juego. Cabe destacar el buen trabajo de los sevillistas, sobre todo en la primera mitad, que apenas dejaron incidir en el juego atacante a Jordi Alba, perfectamente bloqueado para la ocasión, por lo que sus habituales llegadas por su flanco pasaron a mejor vida. Antes del receso Mercado mandó al fondo de la red un pase de Sarabia ante la desidia generalizada de la zaga barcelonista. A todo esto, Suárez seguía peleado con el gol y Coutinho, out.

Valverde dio entrada a Dembélé y Sergi Roberto por Vidal y Semedo tras el descanso y aunque la fluidez no fue lo más destacado del Barcelona, sí aumentó la sensación de peligro con el francés y el de Reus por la derecha. ‘Cou’, por dentro, siguió con sus bajas prestaciones. Aunque creció la producción ofensiva, ni el ‘11’ ni el ‘9’ ni nadie lograba el ansiado empate. Hasta que en el 67’, Messi solo en la frontal, recibió con la izquierda y la colocó con la derecha a la escuadra de la portería de Vaclik. El Sevilla, con el depósito bajo mínimos, no pudo mantener el ritmo del primer acto. Eso lo aprovechó Messi, que siempre está donde tiene que estar, para cazar un rebote tras un disparo de Aleñá —último cambio visitante— para confirmar la remontada con una picadita perfecta en el 85’. Otro sutil toque del crack argentino puso en bandeja el cuarto a Luis Suárez, que necesitaba marcar como el comer.

Con un hat-trick y una fantástica asistencia puso fin Messi a una tarde que comenzó con dudas y que finalizó con la única certeza de que teniéndole a él, el Barça es capaz de todo. Que los blaugrana son lo que Leo decida. Con la Liga encarrilada, afronta ahora un doble clásico copero-liguero en el Bernabéu en el que puede reducir los decibelios de las críticas o elevarlos, aunque con la buena noticia de que su estrella vuelve a deslumbrar.

Fotón | AP

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.