Un lustro con Schuster

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Tengo sensaciones contrapuestas tras oficializarse el fichaje de Bernd Schuster por el Málaga. En un principio me llamó soberanamente la atención que el equipo blanquiazul confiara su banquillo al entrenador alemán. Realmente, para ser sincero, me espantó. Con el paso de las horas lo que en principio parecía una simple sorpresa tomó tintes de acojone tras saberse que el técnico había (ha) firmado para las próximas cinco temporadas. Sí, seguramente lo tendréis claro, pero lo vuelvo a repetir: cinco temporadas. Me llamó la atención al principio porque pasar de un Pellegrini a un Schuster y no al revés, no suena a música precisamente celestial. Me llamó la atención, al principio, porque entre los dos sólo tienen en común el blanco de los ojos.

Pero, pero, pero.

Siempre nos estamos tirando de los pelos porque en España los entrenadores duran menos que las pilas del chino. Que los proyectos, más que proyectos, son meros parches que sustituyen a otros parches y así sucesivamente hasta el fin de los días. Por eso valoro positivamente, o al menos así me lo expresa el ángel que pelea con mi demonio, que el jeque catarí del Málaga, al que acostumbro a dar palos, tenga los bemoles de creer en un técnico a largo plazo. Parece, de golpe y porrazo, una locura ofrecer un contrato de un lustro a un preparador si es en nuestra Liga; luego, cuando el Manchester ficha a David Moyes por siete años lo loamos, sin valorar siquiera que por muy bien o mal que lo haga, mandará la pelotita.

En el imaginario futbolístico del aficionado medio perdura la imagen de Schuster en el Madrid, donde lejos de lograr la excelencia que predicaba Ramón Calderón, por entonces presidente blanco, se fue con una mano delante y otra detrás tras reconocer la imposibilidad de ganar al eterno rival, el Barcelona, en el Camp Nou. Su primer año en el Bernabéu se saldó con la consecución de la Liga, si bien el fútbol con el que había destacado en sus anteriores equipos, como el Xerez en Segunda, y —ya en Primera— el Levante y Getafe, al que llevó a la final de Copa, brilló por su ausencia. Schuster no logró instalar la identidad anhelada en el juego madridista en un banquillo, comprobado está, que arde si no llegan los objetivos aquí y ahora.

La fama que le precedía por entonces se asimila a la que dispone hoy Pellegrini, salvando, obviamente, las distancias. A Schuster le gusta que sus equipos tengan la bola, elaboren, jueguen al ataque, entretengan al espectador, que no aburran… y que ganen. En 2010 probó fortuna en el Besiktas, pero dimitió meses después de su llegada. Hasta el día de hoy, lo máximo que ha durado en un banquillo han sido dos temporadas: bien porque se ha marchado o bien porque lo han echado. Y la cuestión ahora es saber si cumplirá su contrato en La Rosaleda, con todo lo que está pasando en sus aledaños. Sustituir a un tipo como Pellegrini no es fácil. Pero hacerlo sin los mimbres que han hecho grande al Málaga, lo es un pelín menos.

Ya se han confirmado algunos de los que no seguirán en la Costa del Sol, y tiene pinta que serán más. La columna vertebral blanquiazul tiene visos de sufrir un grave traumatismo y el elegido para evitar el dolor es Bernardo. La incógnita que sobrevuela por Málaga, más allá de los resultados que pueda ofrecer su estancia en Martiricos, reside en la hipoteca que supone fichar a un técnico por cinco años en caso que, a las primeras de cambio, a la pelota le dé por no entrar. ¿Qué suculento finiquito podría llevarse? ¿Hay una letra pequeña, casi ilegible, que descartaría de alguna forma el pastizal que supondría despedirlo? No, no lo estoy echando cuando apenas ha llegado ni tengo nada en contra suya, pero estos contratos dan que hablar.

Más que nada por la situación que vive el fútbol en general y en este caso el Málaga, obligado a desprenderse de sus emblemas y quedarse sin jugar Europa la próxima temporada por no pagar cuando es debido. Schuster no es un recién llegado nuestro fútbol y se las sabe prácticamente todas, por lo que si se parece a la versión innovadora y fresca que se dio a conocer en los banquillos más modestos de nuestro fútbol y no a la última, la que le hace hablar más de la cuenta y no cumplir los vínculos firmados, puede que hasta el lustro se haga corto en Málaga. Son las sensaciones contrapuestas de las que hablaba más arriba. En cualquier caso, buena suerte a Schuster y mejor suerte al Málaga en sus respectivas apuestas.

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La Opinión de Málaga | Schuster, una buena apuesta, pero ¿para tanto tiempo?

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.