No hace ni un mes, concretamente el pasado 20 de marzo, el Barcelona empataba ante el Villarreal (2-2) y, unido a la derrota del Atlético, se situaba a nueve puntos del equipo rojiblanco. La prensa informaba entonces que ningún equipo había dejado escapar la Liga con tal colchón de puntos faltando ocho jornadas para la conclusión del campeonato. En aquel choque en El Madrigal, los culés se pusieron por delante en el marcador, llegando al descanso con una renta de dos goles. Y terminaron pidiendo la hora ante el despertar del conjunto castellonense. Nada hacía presagiar que esa pájara de 45 minutos se dilataría durante un mes para ofrecerle a las estadísticas un motivo más para creer que de verdad, están para romperse.

atletico-cel El Real Madrid, por entonces, vencía al Sevilla pero seguía a diez puntos de los culés. Y semanas antes, su entrenador, Zinedine Zidane, reconocía que la Liga estaba perdida tras caer en el Vicente Calderón contra el Atleti. Los blancos se preparaban para medirse al Barça la jornada siguiente. Un Clásico descafeinado, light y casi casi 0% materia grasa para los entendidos que veían la distancia entre ambos no sólo insalvable, sino que auguraban una interesante goleada en contra de los blancos. De hecho, cuando Piqué desatascó el derbi con su gol, el Barcelona se puso momentáneamente con 13 puntos de ventaja. Pero rescató de Villarreal la pájara, el Real se envalentonó y la diferencia quedó en 7 puntos a siete jornadas.

Hoy, 18 de abril, el Barcelona ha dilapidado ese colchón en el que descansaba tranquilo y seguro y a falta de cinco jornadas suma 76 unidades, las mismas que el Atlético y sólo una más que su máximo rival. 76 puntos que son los mismos con los que finalizó la jornada 30 tras su empate ante el Submarino Amarillo y que ha sido incapaz de aumentar tras caer, consecutivamente aparte de contra el Madrid, ante Real Sociedad en Anoeta y Valencia en el Camp Nou, además de la eliminación de Champions a manos de los del Cholo entre medias. Tres derrotas en tres partidos que unidas a las los triunfos de sus dos máximos perseguidores en el mismo lapso de tiempo, ponen la Liga al rojo y blanco vivo, con más opciones que nunca para Atlético y Real Madrid cuando hace un mes, todo esto, era impensable.

madrid-cele Contra el Valencia, el Barcelona fue al menos reconocible. Tuvo las ocasiones más claras del partido y falló más que una escopeta de feria. El Valencia sacó petróleo de sus contadas llegadas al área de Bravo y supo aguantar con un Diego Alves gigante la avalancha a la que le sometió el conjunto catalán. Los culés jugaban sabiendo que el Real Madrid despachó al Getafe de Esnáider sin despeinarse el sábado y que el Atlético, minutos antes del choque en el Estadi, había hecho lo propio con el Granada. Pero fue incapaz de dar el golpe sobre la mesa que precisaba el barcelonismo, que afronta el tramo final de curso con el bajón de su equipo y el subidón de sus perseguidores. Al menos, la sensación mostrada ante el conjunto ché fue distinta. Aunque insuficiente.

Tras la jornada 30 era lógico pensar que la Liga iba a ser un año más azulgrana. Y que si por algún extraño motivo no era capaz de ganarla, era por demérito propio. Hoy, sólo tres jornadas después, al demérito del Barcelona habrá que sumarle las ganas de Atlético y Real Madrid, que pudiendo centrar sus esfuerzos en la Champions, donde siguen vivos y dispuestos a ofrecer al respetable una final española en Milán, no han renunciado a dar la campanada. Que la gane cualquiera de los dos no debería ser sorprendente salvo porque durante muchas semanas (casi) todos la daban por perdida. Con todo, sigo pensando lo mismo: si el Barça no la gana, la habrá tirado. A diferencia de sus competidores, los culés ya no estarán en Europa. Dos partidos (mínimo) a una intensidad brutal que se ahorra para pensar únicamente en lo que debe. No dejar que le coman la tostada.

Fotos | EFE / El País

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.