Es curioso el fútbol. En el peor de los casos, el domingo podría haber terminado siendo catastrófico para el Barcelona, ya que la ventaja del Real Madrid sobre el conjunto blaugrana era, en punto de las diez de la noche, de siete puntos. A esa hora arrancaba el duelo en La Cerámica entre el segundo clasificado y el Villarreal, después del líder, el que mejor en forma había regresado al campeonato tras el confinamiento. Así, y tras los últimos encuentros de los de Quique Setién, parecían pintar bastos en un desplazamiento a Castellón siempre incómodo; y más en el contexto deportivo y extradeportivo de los barcelonistas.

Sin embargo, dos horas después, el Barcelona salió del feudo amarillo como un anciano del hospital tras haber superado el coronavirus: prácticamente a hombros de una afición que, desde su casa, pudo por fin ver el mejor partido desde que Setién se sentó en el banquillo culé y prometió lo que prometió. Seguramente la versión que el propio técnico cántabro dibujó en su cabeza el día de su presentación y que tras muchos disgustos, se plasmó sobre el lienzo verde castellonense: un Barça vertical, arrollador, generador infinito de ocasiones, que convirtió a Asenjo en el mejor de los suyos e hizo añicos al Villarreal; un Barça en el que deslumbró la ‘MSG’, todos incluidos, y en el que se sumó a la fiesta Ansu Fati.

Con todo, a pesar del polémico triunfo del Real Madrid frente al Athletic, la distancia entre merengues y culés sigue siendo, a falta de cuatro jornadas, de cuatro puntos ―más el golaveraje―. Lo interesante se presenta esta semana, ya que el derbi entre Barcelona y Espanyol se disputa el miércoles y la contienda entre los de Zidane y el Alavés, el viernes. Es decir, que de los siete posibles puntos de distancia con los que podría haberse prácticamente despedido del campeonato Setién y los suyos, podríamos pasar en cuatro días a solo uno si los azulgranas se imponen a los pericos y trasladan la presión a su archienemigo. Eso, en el mejor de los casos para la parroquia barcelonista, que por soñar, que no quede.

Más allá de hipótesis y pajas mentales que uno pueda hacerse para añadir pimienta a esta Liga, el Barça salió además de indemne, reforzado de La Cerámica. Goleó (1-4) fuera de casa ―su asignatura pendiente― en un envite en el que podría haber aumentado más si cabe su cuenta anotadora. Con Messi de enganche y Griezmann y Luis Suárez en punta, el francés encajó como una pieza ortogonal en el Tetris. El dinamismo del trío atacante trajo de cabeza a un adversario superado en la presión, vertiginoso y directo a la hora de atacar y que vio como ‘Grizi’, tras una genialidad de Messi, firmaba el tercero con una brillante vaselina: un toque sutil al alcance de muy pocos que debería cerrar el debate en torno a su titularidad y que, en definitiva, devolverá la calma al Barcelona, aunque sea sólo por unos días… y a pesar de su presidente.

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Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.