Cómo demonios he llegado a este punto. Es la pregunta que un día como hoy se hace el deportivismo, que no termina de comprender en qué momento el castillo de naipes se vino abajo. Se lo dice a sí mismo porque el Deportivo está al borde del precipicio. Si hace un par de años bajar a Segunda División ya suponía un trauma para uno de los históricos de nuestro fútbol, tener pie y medio en Segunda B, agrava todavía más la situación de incertidumbre. Descender al barro no entra(ba) en los planes de nadie.

Los gallegos (48 puntos) afrontan la última jornada en la categoría de plata con más dudas que certezas, pero agarrado a sus opciones matemáticas, que tampoco precisan de una carambola extraordinaria. Para salvarse, bastaría con ganar su partido frente al Fuenlabrada en Riazor y esperar que ni Lugo (49) ni Albacete (49) ganen sus respectivos duelos. Ambos se miden a dos escuadras sin nada en juego, como Mirandés y Cádiz ―ya ascendido―, y eso supone un hándicap. Cuentas de la lechera a las que se suman la necesidad del oponente blanquiazul de sumar las tres unidades en juego para mantener la sexta plaza que da acceso al playoff de ascenso. Por ahí surgen las complicaciones y las dudas coruñesas, envueltas de pesimismo.

La carambola extraordinaria se produciría si el Dépor empatara ante el Fuenla y Lugo y Alba fuesen derrotados a la vez que el Numancia ―vigésimo y con mínimas posibilidades también― no venciera al Tenerife. Es la opción menos viable. Una derrota condenaría a los deportivistas.

La estabilidad emocional no ha sido el estado predominante en el Deportivo este curso, al que llegaba después de pelear hasta el final por volver a Primera el anterior, pero quedarse a medio camino tras caer en su eliminatoria ante el Mallorca (2-3 en el global). Se trataba de la segunda temporada consecutiva en Segunda después de 30 años y el proyecto para dar el salto lo lideró Juan Antonio Anquela. Su estancia fue breve: en 10 jornadas logró 8 puntos. Luis César Sampedro empeoró más si cabe los guarismos de su predecesor, ubicando al club en la última posición y un triunfo ―en su último encuentro― en otras 10 fechas.

El sexto equipo con mayor presupuesto de LaLiga Smartbank se encontraba a siete puntos de la permanencia y optó por apostar por un viejo conocido como Fernando Vázquez, que le dio otro aire a la plantilla para resurgir y escalar posiciones cual ave fénix. Seis victorias del tirón fueron la carta de presentación del preparador, que colocó al Deportivo decimocuarto en la jornada 27, con cuatro puntos de colchón sobre la zona de descenso e incluso a siete de los de playoff de ascenso.

Todo iba moderadamente bien, incluso después del confinamiento, donde encadenó siete encuentros sin perder. El margen de cuatro puntos se mantenía a otros tantos partidos del epílogo. Pero… tres jornadas fatales le han condenado a esas posiciones inimaginables en agosto. Málaga, Extremadura y Mirandés han sido los verdugos de un Dépor que se ha metido en un lío de tres pares de narices a 90 minutos de que acabe el campeonato. Y que, sin comerlo ni beberlo, tiene pie y medio en Segunda B. Con el otro medio, le queda hacer equilibrismo… y cuentas.

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Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.