En pleno mes de agosto, y en Sevilla, tenía lugar el primer round de la Supercopa entre el equipo hispalense y el Barcelona, duelo veraniego que ha dejado varias conclusiones en un equipo todavía por hacer y otro con los deberes hechos al que sólo hace falta volver a ponerlos en práctica. El solvente 0-2 que se lleva el equipo azulgrana al Camp Nou le coloca como gran favorito para llevarse el título frente a un Sevilla que se quedó tan sólo en buenas intenciones.

Los de Sampaoli cambiaron el fresco de Trondheim por el calor de su casa con la esperanza de no repetir los errores que le privaron de alzar la Supercopa de Europa ante el Madrid, pero la voluntad y la presión alta con la que salieron al Sánchez Pizjuán no fueron suficientes para frenar a un Barcelona que sabía lo que tenía que hacer y fue efectivo donde no lo fue el rival: en las dos áreas.

Luis Suárez disfrutó de la primera ocasión clara del partido al quedarse sólo delante de Sergio Rico, pero el portero sevillista le ganó el duelo al uruguayo. Más tarde habría vendetta. Poco después, un Arda Turan que ocupaba el flanco izquierdo del ataque en lugar de un Neymar en busca de oro por América intentó la chilena, pero no acertó a enganchar el disparo. Tras un primer año de sanciones de la UEFA a su club y rendimiento discreto, el turco disfrutará de una segunda oportunidad en el Barcelona tras un verano de rumores sobre su salida.

Fue un primer tiempo accidentado para el Barcelona: a los 35 minutos ya se habían retirado lesionados Mathieu e Iniesta. El primero fue sustituido por Digne, que le dio más profundidad al lateral zurdo. El francés llegado de la Roma tiene la intención de no ponerle fácil el puesto en el once al lesionado Jordi Alba. Por su parte, Denis Suárez, que gusta de ir hacia delante y pisar área, fue quien suplió a Iniesta. Significativo que Luis Enrique optase por el ex del Villarreal y no por el flamante fichaje André Gomes, que también estaba en el banquillo.

Mientras Sampaoli recorría una y otra vez su área técnica, con la mirada fija en el suelo al más puro estilo Bielsa como si dibujara en su cabeza el partido que haría ganar a los suyos, el Sevilla trataba de recuperar y tener el balón, pero era por las botas de N’Zonzi por las que más pasaba la pelota en lugar de las de Kranevitter, en teoría el elegido para tal función. Por su parte, el Mudo Vázquez no tuvo el protagonismo del que había gozado unos días antes. En la primera parte fue cuando más apretó el Sevilla, pero faltó profundidad y apenas inquietó a Claudio Bravo. Como ante el Real Madrid, un Vietto que de momento se parece más al del Atlético que al de Villarreal volvió a pasar desapercibido. Dura tarea para el argentino la de hacer olvidar nombres como los de Bacca y Gameiro.

Y si a estas alturas de la temporada, cuando ni siquiera ha dado comienzo, los futbolistas realizan un duro desgaste en la presión en la primera parte, lo normal es que falten piernas en la segunda, y de ello se aprovechó el Barcelona. De eso y de que el Sevilla estaba en ese momento con diez, por lesión de Escudero, cuando Denis Suárez envió al área, Arda dejó una delicatessen en forma de asistencia con el pecho y Luis Suárez, que sigue con la mirilla bien enfocada, marcó el primero de la noche. A partir de ese momento, el Barcelona tuvo el partido a su favor. Poco después, Messi disfrutó de una clara ocasión pero se topó con los reflejos de Sergio Rico cuando intentaba picarla con habilidad. Como en Trondheim, el Sevilla presumió de guardameta, pero nada pudo hacer cuando Messi la echó al espacio y Munir, que había entrado por Arda, definió perfectamente con el exterior para marcar el definitivo 0-2.

Queda la vuelta en Barcelona, pero la empresa será complicada. El de Luis Enrique es un equipo hecho y que, a falta de la posible incorporación de un delantero, ha mejorado su plantilla aunque aún resta la incógnita de un lateral derecho que tras la marcha de Alves se disputan de momento Sergi Roberto y Aleix Vidal, con titularidad para el primero en este partido. Por su parte, Sampaoli ha llegado con ideas nuevas y un plantel renovado, y Real Madrid y Barcelona no son las mejores varas de medir a estas alturas. Pero el técnico argentino tiene trabajo por delante.

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Gabriel Caballero

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