messi fc barcelona

¿Dónde estabas la tarde que Messi mandó el burofax? Es la pregunta que, quizá dentro un tiempo, de unos años, se hagan los aficionados al fútbol y, sobre todo, al Barcelona. Como cuando a uno le preguntan dónde vivió el gol de Iniesta en el Mundial 2010. Aquello fue un hito. E histórica es también la decisión de Leo de abandonar el club de sus amores.

Aquella tarde, pocas horas más tarde de escribir en modo berrinche un artículo sobre los quehaceres del Barcelona en el ‘caso Luis Suárez’, no quedará marcada por la dificultad que encontramos en encadenar diez toques seguidos sin que el balón de vóley cayera al suelo quienes decidimos que no había mejor plan que ir a la maravillosa playa tarraconense de La Arrabassada. Tampoco por haberlo conseguido después de incontables intentos. Aquella tarde del 25 de agosto, tras la hazaña conquistada, quedará marcada como la del día que Messi dijo basta. Así, sin anestesia.

Con la arena cosida en los confines de cada extremidad habida y por haber, saboreando la lata de cerveza más barata del supermercado, lo que parecía un comentario naíf de uno de los protagonistas de la citada gesta, lo fueron confirmando todos y cada uno de los smartphones allí presentes. El Marca, el Sport, el As, el Mundo Deportivo, las radios, las redes sociales y hasta un whatsapp de mi madre corroboraban que lo del burofax no era un farol. Pero el argentino, al menos de puertas afuera, no se había pronunciado. Tocaba esperar.

El scroll de Twitter no daba abasto: Puyol parecía escribir unas palabras de despedida. Y hasta Quim Torra se subía a la ola ―no la de la playa precisamente― para agradecerle la felicidad concedida a los culés durante todos estos años y recordar, de paso, que en su día recibió la Creu de Sant Jordi. La cosa se ponía seria, pero realmente las piezas seguían sin encajar: ninguno de nosotros podía esperar que Messi, el capitán, dejara el Barça tras un 2-8 y por medio de un triste burofax.

La noticia ―la bomba, más bien― desencadenó un debate con diferentes posturas sobre la toalla. No me refiero a que uno comentase la decisión del argentino tumbado y otro en cuclillas, por ejemplo, sino al amplio abanico de sentimientos que en ese momento, fruto de la perplejidad, afloró mientras la puesta de sol tomaba el carril de salida, como Messi de Can Barça. Desde la lógica comprensión por sus años de gloria, a la natural indignación por las formas y el momento.

Tras fantasear sobre posibles recambios, imaginar un Barça sin él y asumir, mansamente, que nunca nadie podrá lucir el 10 como lo ha hecho Leo en el Camp Nou, los héroes de esa proeza anónima y personal con un balón de vóley, pusimos rumbo a nuestros respectivos hogares. En TV3 abrieron el telediario con la información, acompañada de unas imágenes en las que podría apreciarse un reducido grupo de teóricos seguidores barcelonistas desgañitándose en arameo contra el presidente Bartomeu.

A partir de ahí, un aluvión de información, programas especiales, monográficos, rumores, desmentidos, contradicciones y el silencio sepulcral y a la vez atronador de Messi, posiblemente el mejor futbolista de la historia y que tras cientos de tardes de gloria, obsequió al barcelonismo con una tarde de mierda.

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Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.