Desde que tengo memoria en esto del fútbol se habló de la pegada del Real Madrid. Como si fuese el jugador más peligroso del equipo o una entidad intangible que acompaña al equipo sobre el verde, la pegada solucionaba siempre los males del club blanco cuando todo lo demás no funcionaba: ya podía hacer el rival un gran partido que la pegada del Madrid se hacía con los tres puntos. Pero en los últimos tiempos, parece que ya no acompaña al conjunto madridista.

Cuando llegó Valdano no contaba con Zamorano, pero este cambió las convicciones de técnico argentino a base de goles sobre el césped con Amavisca como socio. El chileno acabó siendo ‘Pichichi’, y en esa misma temporada apareció Raúl, que dio forma a la pegada del Madrid durante dieciséis temporadas. Poco después llegaron Suker y Mijatovic, cuyo tiempo en el Madrid no fue muy longevo pero sí estuvo cargado de goles, alguno de ellos vitales como el que dio la Séptima 32 años después.

Morientes apareció en escena sin hacer demasiado ruido, pero terminó quitándole el sitio a Suker y fue el ‘9’ del Madrid unas cuantas temporadas formando una excelente dupla con Raúl, que con Suker y Mijatovic jugaba más escorado a banda o por detrás de ellos. Después, el de Anelka fue un fichaje fallido pero incluso el francés fue vital en las semifinales de la Octava con sus goles al Bayern.

Posteriormente llegó la época de los Galácticos, en la que Raúl y Morientes continuaban al frente del ataque y donde Zidane y Figo también colaboraban en esa pegada. Hasta que llegó Ronaldo, claro, que resucitó en el Mundial de Corea y Japón con Brasil y que se hinchó a meter goles en las cuatro temporadas y media que estuvo en el club. O fenômeno fue uno de los mejores exponentes de la pegada de Madrid, ya que no coincidió con una de las mejores etapas del club, pero sí solucionó muchas papeletas con sus goles. Legendario fue su partido en Old Trafford, marcándole tres goles al Manchester United de Ferguson.

En el crepúsculo de la etapa galáctica llegó Michael Owen, que también dejó sus goles en la única temporada que estuvo en el Bernabéu. Con el cambio en la presidencia llegaron delanteros como Van Nistelrooy e Higuaín en diferentes momentos de su carrera. El holandés lo había sido todo en el United y llegó al Madrid ya con 30 años, pero ni por asomo pensando en la jubilación: en su primera temporada fue máximo goleador de LaLiga, y en la segunda también marcó un buen número de goles. Su recuerdo entre la afición madridista es el de un gran ‘9’.

Por su parte, Higuaín llegó a Madrid con 19 años y apenas 40 partidos jugados en River. Su fichaje fue una apuesta, pero a base de goles y esfuerzo se hizo un hueco importante en el club. Le costó más en Europa, pero en liga marcó más de cien tantos ayudando a desatascar multitud de partidos. El Pipita coincidió con el regreso de Florentino Pérez a la presidencia, que volvió con Cristiano Ronaldo (aunque ya estaba fichado) y Benzema, dos nombres que contribuirían decisivamente a esa célebre pegada. Poco se puede decir de Cristiano que no se haya dicho ya: sus números son salvajes y lo convirtieron en el máximo goleador de la historia del club. Benzema fue su socio perfecto: jugaba, daba goles y los metía.

Durante mucho tiempo, cuando el equipo no jugaba bien, sus victorias se basaban en los aciertos del portero y el delantero: las paradas de Casillas y los goles de Raúl, las paradas de Casillas y los goles de Ronaldo, las paradas de Casillas y los goles de Van Nistelrooy, las paradas de Keylor y los goles de Cristiano. El Madrid ganaba los encuentros en las áreas con los milagros del Santo en la portería y las fauces implacables de sus delanteros: a poco que tenía media ocasión se llevaba el partido.

La ‘era Cristiano’

En esta década fueron llegando fichajes muy acertados como Kroos o Modric: el equipo tenía un gran centro del campo que generaba buen fútbol, a los que había que sumar el juego de Benzema y las incorporaciones de Marcelo y Carvajal por los laterales. Además, Gareth Bale se incorporó al tridente de ataque aumentando significativamente el número de goles. El resultado, cuatro Ligas de Campeones en cinco años, tres de ellas consecutivas.

Pero la etapa de Cristiano acabó, y se llevó con él la célebre pegada. La temporada pasada le costó un mundo al Madrid concretar sus ocasiones, a pesar de que Benzema no falló en su tarea de hacerse con los galones goleadores del equipo, pero no fue suficiente. Y a sus galopadas y su descaro por la banda izquierda, Vinicius no acompañó el gol. A la plantilla no le faltaban jugadores que pudieran aportar goles, pero el equipo tuvo problemas tras una era repleta de éxitos y evidentemente la marcha de Cristiano se notó, y no había llegado nadie para sustituirle.

Esta temporada fueron fichados Hazard y Jovic con la misión de devolver la pegada al equipo. El belga hace de todo y todo bien, pero no es un goleador implacable y aún está adaptándose a la liga y al equipo. Igual que Jovic, este sí un goleador pero que tiene a Benzema por delante y juega menos minutos.

Este Madrid se parece poco al de aquellos años: domina buena parte de los partidos, pero o bien le cuesta generar ocasiones o le cuesta un mundo hacerlas efectivas. Y tampoco Courtois, que no obstante es un gran guardameta y lleva algunos partidos realizando intervenciones decisivas, ha sido el obrador de milagros que fueran Casillas y Keylor.

Ya se sabe: el fútbol se juega en todo el campo pero se decide en las áreas, y el Madrid tiene una cuenta pendiente en el área rival, donde tarde o temprano habrá de regresar su pegada.

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Gabriel Caballero

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