Otro día

Son días difusos. En la tele, muertes. En Twitter, hostias. En la calle, cianuro. Dieciséis días consecutivos escribiendo sobre fútbol, o al menos, en un blog dedicado a ello. Y esa sensación de no saber muy bien para qué. O para quién. Quizá tampoco ayuda hacerlo de madrugada, en esas horas en las que la lucha interna que mantienen la lucidez y el desaliento es de proporciones ciclópeas. Escribir sobre lo banal mitiga el sentido de culpabilidad por no hacerlo de las otras cosas de las que todo el mundo se cree experto, menos yo, y que se suponen que son importantes. Y eso, de alguna manera, reconforta: teclear bajito, para no despertar a Cristina, que mañana madruga, ante una hoja en blanco que quiere ser devorada por letras, comas, puntos, otros signos de puntuación ―como el guión largo―, y saltos de línea.

Se supone que en este segundo párrafo desarrollaría la idea planteada en el primero, que bien podría ser una crítica feroz a unas declaraciones de un tipo que francamente me da lo mismo, una historia de esas personales que siempre emociona pero que acostumbra a tener un desenlace similar en la mayoría de los casos, o una noticia de aquellas que normalmente llaman la atención y que con escaso esfuerzo, te permiten construir un artículo más o menos potable. Sin embargo, este párrafo únicamente va a servir para dar paso al tercero y último, mientras que esta hoja en blanco, que tú no ves, sigue reclamando su porción de fútbol, doscientas cincuenta y tres palabras después.

No sé hasta qué punto nombrar dos veces la palabra fútbol ―con esta van tres― convierten un texto tan ramplón sobre la nada y las carencias en algo digno de publicar. Tal vez algún lector se enfada, pienso. Pero que no se preocupe, me digo, que en cuanto empiece la maratón de LaLiga estaré aquí dándolo todo. Escribiendo sobre polémicas que durarán menos de 24 horas, haciéndome el interesante sobre partidos de los que puede, sólo haya visto un resumen; y prolongando, mientras me lío otro cigarrillo a las tres y media de la mañana e intento que el mosquito del cuarto no se alimente de mi sangre, una excelente forma física y mental ante el ordenador que sólo existe en mi cabeza.

Apaga la tele. Desconecta Twitter. No salgas de casa. Mañana será otro día.

Sobre el autor Ver todos los posts

Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.