Aquel gol de Suker a Dinamarca

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Hay goles que se nos quedan grabados por su capital importancia y otros por su factura. Los hay también que aúnan las dos cosas. El gol de Mijatovic a la Juventus o el de Iniesta a Holanda no destacaron por su belleza, pero uno devolvió al Real Madrid la Copa de Europa 32 años después y otro le dio a España el único Mundial de su historia. El de Ronaldo al Compostela en 1997 formó parte de una goleada del Barcelona al conjunto gallego en la jornada liguera de una fría noche de enero, pero cómo olvidar la eterna galopada del nueve brasileño, deshaciéndose de cada rival que salía a su paso desde el centro del campo como si hubiese decidido que aquello tenía que terminar en gol y nada iba a ser capaz de impedírselo. En la Eurocopa de 1996, Suker marcó a Schmeichel uno de esos goles que de chaval te marcan lo suficiente como para después salir a la calle e intentar emularlo.

Croacia acudía a Inglaterra como una novel selección surgida tras la guerra de la antigua Yugoslavia. Con poco que perder y mucho que ganar, el equipo de Miroslav Blazevic contaba con jugadores de tanto talento como el propio Suker, Prosinecki, Boksic, Boban o Jarni, y no eran pocos los que les atribuían el papel de potencial equipo revelación, aunque ese rol terminaría recayendo en la República Checa de Nedved, Kouba y Poborsky.

Croacia quedó encuadrada en un grupo complicado con Turquía, una Dinamarca que defendía título tras la gran sorpresa de 1992 y la Generación de Oro de Portugal. El primer partido sería contra los turcos de Hakan Sukur, y Croacia debutaría en un gran torneo con victoria al derrotar al conjunto otomano gracias a un gol de Goran Vlaovic. El segundo encuentro, contra Dinamarca, sería la carta de presentación de Davor Suker: tras cinco temporadas goleando con la camiseta del Sevilla y ya habiendo fichado por el Real Madrid para la siguiente, Suker tenía ganas de hacer algo grande a nivel internacional y la Eurocopa se presentaba como una ocasión inmejorable.

El primer tiempo concluyó sin goles, pero sería en la segunda parte cuando el equipo de Blazevic desataría su potencial ante el combinado de los hermanos Laudrup, que necesitaban la victoria tras no haber pasado del empate en el primer partido ante Portugal. Suker marcó de penalti el primero, y a falta de diez minutos, una jugada del sevillista por la banda izquierda desembocó en un centro al área que fue rematado por Zvonimir Boban para subir el segundo al marcador. Ya a la desesperada y en tiempo de descuento, Peter Schmeichel subió a rematar un córner en el área croata, pero un evitable fuera de juego de un compañero tras el saque de esquina le obligó a volver rápidamente a su portería mientras Croacia sacaba rápido y armaba la contra. Un largo y medido pase de Asanovic a Suker dejó en disposición al ariete, tras un buen control orientado, de correr hacia la portería del guardameta del Manchester, que ya había regresado y se preparaba para encarar al croata. Nada más pisar el vértice del área, escorado y con los defensas daneses acercándose, Suker aprovechó que Schmeichel estaba unos metros adelantado para, con un toque sutil y lleno de clase, elevar el balón por encima del arquero que no pudo más que ver cómo entraba en su portería. Con ese mágico recurso, Suker certificó la victoria de los suyos y el pase de Croacia a cuartos de final.

Dinamarca quedó eliminada en la fase de grupos y no pudo repetir la gesta ocurrida cuatro años antes, mientras Croacia quedó segunda de grupo tras perder el tercer partido ante la Portugal de Figo y Rui Costa. Prosinecki, Boban y compañía caerían en cuartos ante la poderosa Alemania, que sería finalmente campeona, pero la Mannschaft tuvo que sudar lo suyo para derrotar por 2-1 a la Croacia de un Suker que volvió a brillar con un gran gol, pisando el balón y regateando a Andreas Köpke ante su salida. Tras la Eurocopa, Suker firmaría una de las mejores temporadas de su carrera marcando 24 goles en la liga que el Madrid ganó con Fabio Capello en el banquillo. Para Croacia, para aquella magnífica generación de futbolistas y para el propio Suker, que fue Bota de Oro, el gran momento llegaría dos años después, alcanzando el tercer puesto en el Mundial de Francia en su primera participación en el campeonato del mundo.

La magia, la clase, la elegancia con que la zurda de Suker elevó inesperadamente el balón ante el que entonces era considerado el mejor portero del mundo hicieron que aquel gol quedara grabado en mi retina. No debió de pasar mucho tiempo entre el momento en que lo vi y el que cogí el balón para intentar imitar ese mismo toque en la vieja portería de madera que tenía al lado de casa. Una y otra vez hasta que salía. Seguro que después lo intentaría en algún partido, y seguro que con la tensión competitiva propia de la pista del colegio me lo reprocharían si fallaba: “¡¿pero qué haces¡?”. Pero seguro que alguna vez salió bien y me sentí como si acabara de marcar un gol en la Eurocopa.

El gol comentado por el propio Suker

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Gabriel Caballero