No escapaba a nadie la presencia de un joven jugador holandés que destacaba en el Ajax, inagotable fuente de talento que vio debutar en 1986 a uno de los mejores futbolistas que daría su escuela. Dennis Bergkamp llegó demasiado tarde para ganar un título con su selección y demasiado pronto para ganar la Liga de Campeones con el Ajax: a mitad de camino entre dos grandes generaciones del fútbol holandés, era demasiado joven como para ganar con Van Basten, Gullit y Rijkaard la Eurocopa de 1988 con Holanda, y en 1995 ya se había marchado del Ajax cuando aquella generación de Van Gaal, con los Seedorf, Davids, Kluivert y compañía, levantó la Champions con un fútbol que encandiló a todo el continente.

Pero ni mucho menos fue poco fructífera la etapa de Bergkamp en el Ajax: aunque en la Eredivisie le tocó convivir con una época de dominio del PSV, en Europa le dio tiempo a ganar la Recopa y la Copa de la UEFA. La primera, en su temporada de debut como profesional cuando Johan Cruyff, entonces técnico del Ajax, le dio la alternativa a un joven futbolista que destacaba en las inferiores del club. En aquella final, ante el Lokomotiv Leipzig (hoy en la cuarta categoría alemana), Bergkamp saltó al campo en la segunda parte de un encuentro que concluiría con 1-0 para los holandeses gracias a un tanto de Van Basten, en la que iba a ser su última temporada en Ámsterdam antes de hacer historia en Milán.

Cuando ganó la Copa de la UEFA en 1992 ante el Torino de Scifo y Martín Vázquez, Bergkamp ya era la estrella del conjunto entrenado por Van Gaal jugando como interior, mediapunta o falso nueve. Fue un gran año a nivel individual para el futbolista holandés, que aquel verano sería uno de los mejores jugadores de la Eurocopa en la que su selección, donde compartía delantera con Van Basten, cayó en semis ante Dinamarca en los penaltis. Bergkamp sería Balón de Bronce ese año tras el propio Van Basten y Stoichkov.

Ya todos los grandes del continente querían hacerse con su fichaje, pero continuó un año más en Holanda. Aquel mismo año, el Ajax jugó el Trofeo Bernabéu y Bergkamp ofreció una exhibición marcando un doblete, incluido un gol espectacular con un regate muy parecido a su célebre gol ante el Newcastle, solo que sin darse la vuelta, y elevando después el balón por encima de Pedro Luis Jaro. El Real Madrid era de hecho uno de los equipos que más interesado estaba en fichar al astro neerlandés, pero no lo tenía fácil en absoluto.

Cruyff, su mentor en Ámsterdam, quería tenerlo de nuevo en su equipo, esta vez en Barcelona. “¿Qué va a hacer en el Real Madrid?”, decía el Flaco, que no destacó aquel año por la humildad de sus palabras. Lo cierto es que Cruyff estaba deseando llevarse a Bergkamp al Camp Nou, y le aconsejaba lo mismo cada vez que un club se interesaba por él como contó el mismo futbolista en la revista Four Four Two: “A cada equipo que me quería, él me decía que no fuera, dejando al Barça como única opción”.

Pero no solo los grandes de España querían a Bergkamp, también los de Italia, y en ese momento era una muy dura competencia. Bergkamp fue deshojando la margarita, y tenía bastante claro dónde debía ir:

“Siempre tuve la sensación de acabar en Italia, la liga más grande en esa época. No quería ir al Milan porque Gullit, Van Basten y Rijkaard habían ido allí. Todo quedaba entre la Juventus o el Inter y tuvimos una mejor sensación con la gente del Inter”

El Madrid ya llevaba tiempo siguiendo a Bergkamp, pero cuando hizo un primer acercamiento, el jugador consideró que era aún muy joven para ir a jugar al extranjero. Después fue imposible acercarse a las cifras que ofrecían en Italia, igual que para el Barcelona (que terminó fichando a otro delantero al que se le caían los goles en la Eredivisie como Romário), por lo que ambos se retiraron de la puja. Terminó fichando por el Inter a cambio de 2000 millones de pesetas, un pastizal para la época. No obstante, Bergkamp no encontró el paraíso que esperaba en el Giuseppe Meazza:

“Hicieron muchas promesas, que luego descubrí que no eran constantes. Te decían: ‘Vamos a jugar más ofensivo’. Y lo hacían, pero solo durante un mes. No fue lo que yo esperaba. Pero Italia fue buena para mi desarrollo. Aprendí a ser más profesional”.

No tuvo buena relación con los tifosi, la prensa le criticó y, por si fuera poco, se dice que Rubén Sosa le odiaba, su compañero entonces en la delantera nerazzurra. Sus dos años en el Calcio no fueron buenos, aunque sí pudo brillar en Europa ganando otra Copa de la UEFA y siendo el máximo goleador.

Aún tenía un gran cartel y no eran pocos los equipos que seguían llamando a su puerta, pero fue el Arsenal quien lo fichó tras pagar 1300 kilos al Inter. Uno de los aspectos que definieron su carrera, su famoso miedo a volar, pudo ser importante en su decisión: la cercanía de Londres con su tierra natal pudo ser decisiva en su elección. Cabe decir que el Arsenal no era entonces lo que sería después: se trataba de un equipo rocoso y a la sombra del United, el Blackburn, el Newcastle o el Liverpool. De hecho, el año que fichó por los gunners, estos habían quedado duodécimos en la clasificación.

Bergkamp fue el golpe de efecto para tratar de revertir la situación, pero su primer año en Inglaterra no fue sencillo. De hecho, el club no veía con malos ojos un traspaso del holandés, y ahí entró en escena el Betis. Ya lo había intentado Lopera un año antes ofreciendo 700 millones al Inter, pero no pudo ser y ficharon en su lugar a Alfonso, que hizo una buena temporada en el Villamarín.

Lopera, el Betis, Jarni y Wenger

Lopera se había venido arriba en un momento en el que las televisiones comenzaron a pagar jugosos contratos a los clubes, y estaba decidido a montar un gran Betis. Negoció con el Arsenal y salió el nombre de Robert Jarni, lateral croata que brillaba en la banda izquierda del club sevillano y que interesaba al conjunto inglés. Pero Jarni no se movió de Heliópolis y terminaría fichando un par de años después por el Madrid, y las negociaciones no acabaron de cerrarse.

No se quedó el Betis con las manos vacías, pues aquel verano ficharía a Finidi y logró la permanencia de Alfonso tras llegar a un acuerdo con el Madrid. Bergkamp continuó en Highbury, y ese año arribó al club Arsene Wenger: el resto es historia contada. El holandés encontró en el sistema del técnico francés el fútbol que necesitaba para desplegar sus virtudes, y así convertirse en uno de los jugadores más célebres de la historia gunner.

Quién sabe cómo habría sido la historia de Bergkamp en un Real Madrid que no tenía en ese momento una gran estrella en los últimos años de la Quinta del Buitre, o en un Barcelona liderado por el que fue en su día su maestro, o qué cotas habría alcanzado el Betis con él. Quién sabe cómo se habría adaptado a un Milan donde sus compatriotas lo fueron todo, o como compañero de Roberto Baggio en la Juventus. Lo que sí sabemos con seguridad es que fue uno de los mejores futbolistas de la década de los noventa.

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Gabriel Caballero

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