El monumental desaguisado que vivió el madridismo la temporada pasada parecía haber encontrado en la figura de Zidane la solución. El francés llegó con tiempo de avistar el percal y, en consecuencia, tomar las decisiones oportunas: dar con las lagunas, señalarlas, y trincharlas. Llegó con el ceroplete en el bolsillo blanco y se dedicó, básicamente, a tratar de recuperar los jugadores que, por diversas razones, habían pasado a un segundo plano con Lopetegui o Solari. Con más pena que gloria, pero ese lapso de tiempo, esas jornadas restantes para que concluyera el campeonato, debían servir para que el preparador tomara buena nota de lo que le hacía falta a su equipo, huérfano de competitividad.

Pues bien, a falta de poco más de 15 días para que se cierre el mercado de fichajes, el principal señalado, el gran mal del Real Madrid el curso pasado, se llama Bale. El galés ha sido el gran damnificado de una limpieza en el vestuario merengue que no ha llegado. Se han marchado piezas que, para muchos, es incomprensible que no contaran para ZZ, como Llorente o Ceballos, y se han invertido más de 300 millones en futbolistas que, visto lo visto en pretemporada, no parece que vayan a disputarle la titularidad a los que el ejercicio pasado tiraron la temporada por la borda en marzo.

Únicamente Hazard (100 millones) se colará en un once que viste las mismas caras de siempre y en el que ni Jovic (60 M€), ni Militao (50 M€), ni Mendy (48 M€), ni Rodrygo (45 M€) —y a caballo entre el Castilla y el primer equipo— parecen tener el suficiente empaque para convencer a Zidane. En la plantilla blanca siguen, además, un Bale por el que nadie puja y un James que tampoco encaja en la libreta del entrenador galo. Se supone que ambos, al cierre del mercado, habrán hecho las maletas, pero mientras tanto, este viernes comienza la Liga y siguen integrando el plantel madridista. La sensación, en cualquier caso, es que a este Madrid le faltan no una, sino muchas cosas.

La imagen de la pretemporada tampoco ha ayudado en exceso a confiar en el plan de Zidane. Especialmente dolorosos fueron los siete goles que encajó por parte del Atlético. Las luces de alarma siguen encendidas, pero la inacción sigue enarbolando un proyecto que de buenas a primeras no desprende la ilusión que, a su llegada, despertó el retorno de Zizou cinco meses atrás. La sensación es que todo sigue igual, que nada ha cambiado. Y uno ve la alineación del Real Madrid de cara al estreno doméstico, frente al Celta en Balaídos, y se da cuenta que así es.

Pendiente del indulto de la Federación a los sancionados, algo que llevaría a Carvajal a la titularidad, y con la duda de Lucas o Vinicius en el flanco derecho, aunque todo apunta a que lo será el gallego en Balaídos, únicamente Hazard genera expectación. El resto, lejos de ser uno por uno grandes futbolistas, demostraron no estar al nivel de la exigencia blanca. Y ahí siguen. Ante la atenta mirada de un madridismo que resopla viendo cómo se refuerzan sus principales rivales y que espera, como agua de mayo, que lo que no se ha llevado a cabo en todos estos meses, suceda de alguna manera antes del 31 de agosto.

Foto | AS

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.