Serían las 21:15 y, ante la imposibilidad de ver alguno de los partidos de vuelta de los cuartos de final de la Europa League, eché un vistazo en el móvil a los marcadores, como aquellos días en los que mirábamos si parpadeaba algún resultado en el teletexto, para ver si algún equipo había madrugado lo suficiente como para haber subido algún gol al marcador: el Borussia ya había marcado dos en Anfield. “Qué mal para el Liverpool –pensé– después del buen resultado que habían sacado en Alemania”. Difícil para el equipo inglés remontar ese marcador ante el buen equipo de Thomas Tuchel, y prácticamente los di por eliminados. Cuando los partidos estaban a punto de terminar, volví a mirar los resultados y el Shakhtar y el Villarreal ya tenían encarrilado el pase sin problemas, el Athletic había logrado empatar la eliminatoria en Sevilla… y el Liverpool ganaba 4-3. No daba crédito.

Cuando el Real Madrid remontó ante el Wolfsburgo, Cristiano acaparó todos los focos gracias al hat-trick que permitió a los suyos avanzar a semifinales. Un día después, cuando el Atlético eliminó al Barcelona, no fue el de ninguno de sus jugadores el nombre que estuvo en boca de todos, y eso que Griezmann había marcado los dos goles: todos (me incluyo) nos referimos a Simeone. Ayer, tras la gesta del Liverpool, todos estaban hablando no de Coutinho o de Lovren, autor del tanto definitivo: todos hablaban de Klopp, el míster alemán que ha logrado cambiarle la cara a este Liverpool.

Merecía la pena echar un vistazo al partido en diferido para ver cómo los reds habían logrado tal hazaña. El Dortmund, como era de esperar, salió a Anfield dispuesto a imponer su jerarquía tras el despiste en Alemania y entre Reus, Aubameyang y Mkhitaryan sentaron rápido las bases para colocar en el marcador un resultado de difícil digestión para el Liverpool. No obstante, los de Klopp jamás bajaron los brazos. Fue nada más regresar al campo en la segunda parte cuando el enrachado Origi por fin recortó distancias. Todavía estaba lejos la remontada, y más tierra de por medio puso el Borussia cuando Hummels metió un medido pase a Reus para que el germano marcase el casi definitivo 1-3. Pocos centrales te meten un pase así, entre líneas, tras avanzar unos metros con el balón controlado. No obstante, lo del zaguero de la Mannschaft solo fue el preludio de una noche de gloria para los centrales del encuentro.

Como tras el 0-2, con 1-3 el Liverpool siguió empujando y buscando la remontada, alentados, claro está, por las gradas de Anfield. A falta de 25 minutos fue Coutinho quien recortó distancias con un buen disparo desde la frontal del área. El tanto del empate, el que puso a tiro de piedra la remontada, fue del francés Sakho tras el despiste general de la zaga del Borussia, que permitió al central campar a sus anchas en el área rival. El cuarto y definitivo, en el tiempo de descuento para añadirle más épica si cabe, fue con un medido cabezazo de Lovren, el compañero de Sakho en el centro de la zaga. Klopp, que no lo ha tenido sencillo con sus delanteros por la irregularidad de Firmino, lo poco que le convence Benteke y las lesiones de Sturridge, encontró en sus centrales a sus mejores goleadores para una noche mágica de aquellas que tantas veces firmó el equipo inglés en Europa.

Un poco perdido en liga pero finalista de la Capital One, donde cayó ante el City, y semifinalista de la Europa League tras eliminar a uno de los principales favoritos y haberse cargado al United en octavos. No está mal para haber cogido al equipo con la temporada empezada tras un mal inicio. Ahora les espera el Villarreal: los pupilos de Marcelino van lanzados, pero los de Klopp ya han advertido que tener enfrente el amarillo no les da mala suerte.

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Gabriel Caballero

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