Quaresma, cabeza de cartel

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eurocopa-2016 No es ninguna joya ya, y ha pasado por casi todo en el fútbol: cuando comenzaba iba a ser el nuevo Figo, por aquello de salir de la fábrica del Sporting de Portugal. Siguió sus pasos para recalar en el Barcelona, que por entonces comenzaba su reestructuración con Ronaldinho a la cabeza, para no convencer a casi nadie y ser moneda de cambio en el fichaje, un verano después, de Deco. Ricardo Quaresma, con 20 años, aseguraba en el verano de 2004, que si Frank Rijkaard continuaba como técnico, él no regresaba al Camp Nou. Ese mismo verano vería la Eurocopa que tuvo lugar en su país por la tele, ya que una lesión le impidió ir convocado.

Después de ese pulso que tenía todas las de perder y que perdió, y de cumplir sólo uno de los cuatro años de contrato que firmó como blaugrana, Quaresma regresó a Portugal, donde el Oporto le recibió con los brazos abiertos para convertirse en el referente durante su periplo de cuatro temporadas en el icono de Do Dragao. En casa, como en ninguna parte, y en el campeonato luso empezó a desplegar ese juego por el que suponemos, un equipo como el Barça se fijó en él. Cuatro cursos en los que siendo culé daba ganas de tirarse de los pelos y que nada mejor que YouTube puede simplificar y explicar mejor.

Tras ese festival de goles, regates, taconazos y trivelas, ese golpeo con el exterior que le permite llegar a la línea de fondo del flanco izquierdo y centrar con sus tres dedos mágicos; Quaresma se encontraba en plena madurez. Esta vez sí estuvo con el combinado luso en la Eurocopa 2008, pero Portugal cayó en cuartos ante Alemania echando por tierra así las expectativas creadas. Ese verano volvía a hacer las maletas para fracasar estrepitosamente en el Inter de Milán. Entre sus logros, el Bidone d’Oro, galardón que recibe el peor jugador de la Serie A. Ni una cesión al Chelsea recondujo una carrera que se iba a pique.

En 2010, con 26 años, puso fin a su aventura italoinglesa para recalar en el Besiktas y recuperar un poco esa chispa del Oporto. También tuvo tiempo de pelearse con Nihat, aquel delantero de la Real Sociedad, porque chupaba mucho en los partidos. Y con unos cuantos integrantes del club. Antes de marcharse de nuevo, dejó rastro de su técnica y su clase junto a lo que quizá haya sido lo que peor ha gestionado a lo largo de su carrera: la toma de decisiones. Al bueno de Ricardo le costaba acertar: ya sea el último pase, el simplemente darlo, o elegir destino.

Rescindido su contrato con el conjunto turco, con el que llegó a compartir vestuario con Guti, el exótico, por llamarlo de alguna manera, Al-Ahli, fue su nuevo hogar. Se cansó rápido. Llegó en enero de 2013, pasó por caja, y se fue a los seis meses. Los siguientes seis los pasó sin equipo, cumpliendo la treintena en el paro. Hasta que reapareció el Oporto para darle la oportunidad de desquitarse de tanto mal trago. Pero no le valió para ir al pasado Mundial. Paulo Bento, que ya le dejó sin minutos en la Eurocopa 2012 –con Quaresma luciendo el ‘10’– y en la que Portugal cayó ante la posteriormente campeona –España– no le incluyó en la lista definitiva.

Tras un año bastante decente en el Oporto, en el que estuvo cerca de alcanzar las semis de la Champions si no fuese por el repaso que le impartió el Bayern en aquella inolvidable vuelta de cuartos, Quaresma regresó de nuevo al Besiktas el pasado verano viendo que Lopetegui no iba a darle los minutos que su fútbol precisaba. Recibido en loor de multitudes, como cuando volvió al Oporto, la magia de ‘Harry Potter’, como lo apodaba la prensa lusa hace más de una década, resurgió esta temporada, siendo pieza indispensable del conjunto turco.

De su talento se ha aprovechado Mario Gómez, (26 goles) con quien ha formado una dupla tremenda y quien ha aprovechado al máximo los centros y asistencias de Quaresma. Con el Besiktas, la diestra en especie de extinción del luso, ha disputado un total de 37 partidos entre Liga, Copa y Europa League y ha devuelto a las águilas negras un campeonato doméstico que se resistía desde hacía 16 años. El premio no es otro que ser cabeza de cartel de Portugal en la Eurocopa que comienza hoy. Por fin. Con 32 años, de momento ha enamorado en los últimos amistosos. Y aunque nadie la da como favorita, la lusa puede ser la gran tapada. Como la loca carrera de un Quaresma que ha demostrado que nunca es tarde para volver a ser protagonista.

En NdF | Quaresma al más puro estilo Quaresma

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.