A Zidane se le acusa de tener una flor en el culo. Que gana por algún fogonazo de alguna de las estrellas que dirige o porque el árbitro de turno colabora con su causa. A Zidane se le critica por tener fe ciega en la BBC en los momentos clave. Y también por poner a Bale ante el Barça a pesar de que el galés se está convirtiendo sin querer en el nuevo Robben. Que pone a Gareth porque costó 100 kilos. Un argumento que se cae por su propio peso cuando James se ha pasado más de media temporada en el banquillo. Y el colombiano costó 80 millonazos. A Zidane lo critican cuando un resultado no es favorable, pero lo que ha conseguido en poco más de un año, da para más elogio que para crítica inútil.

Zidane ha conseguido que la etapa de Rafa Benítez parezca una cosa muy antigua, y recordemos que el hoy técnico del Newcastle fue quien comenzó el curso la pasada temporada. Zidane, con los mismos mimbres que su predecesor, pero con el doble de inexperiencia, ha logrado ganar una Champions League y llegar al tramo final de su segundo curso al frente del banquillo blanco con serias opciones de volver a llevar a lo más alto al conjunto blanco tanto en la máxima competición europea como en la doméstica. Su único punto negro, la eliminación de Copa. Un torneo que para los grandes es un complemento que no salva temporadas y que para los más modestos es la auténtica salud.

Pero lo que realmente ha conseguido Zizou en 14 meses ha sido sentar a Cristiano Ronaldo y que el portugués no levante la voz. Ha conseguido dosificar al jugador con más ego del mundo sin que su equipo se resienta. Y lo ha hecho dando protagonismo a otros futbolistas que cada vez que salen, la rompen. Ha logrado que su fondo de armario se sienta importante y lo que hoy la prensa denomina ‘segunda unidad’ dé el callo tanto o más que la primera. Que tenga que estrujarse la cabeza para ver quién acompaña a Benzema y Cristiano esta noche por ejemplo. Y no porque las alternativas no le convenzan, sino porque todas son espectacularmente atractivas.

Todos son importantes

Isco, por si había alguna duda, se ha ganado a pulso la renovación. James, uno que hasta hace poco rechistaba por todo, está rindiendo porque se siente importante. Y Asensio, que en pretemporada ya dejó entrever que le va la marcha, no le viene para nada grande la elástica blanca. Todo un acierto el de Zidane mantenerlo en la plantilla cuando perfectamente podría haber dado el visto bueno a otra cesión por el cúmulo de jugadores de parecidas características. Que lo ponga o no ya es cosa suya, pero el mérito de la progresión de Asensio es culpa del francés. Por no hablar de Lucas Vázquez, un puñal por la derecha y que también hay que darle de comer aparte.

No será por opciones en la zona de tres cuartos. Zidane lo ha hecho de maravilla y tal vez su único ‘pero’ sea la confianza ciega que tiene sobre Benzema, al que probablemente Morata alguna vez merecía arrebatarle la titularidad. Pero que jugadores como los anteriormente citados consigan que no se eche de menos a los teóricos cracks hablan de cómo el galo maneja el vestuario, en el que si un día no está Modric sale Kovacic y ni se nota. O si se lesionan Varane y Pepe ahí está un hombre de la casa como Nacho para reivindicar que no tiene nada que envidiarles. El central, por cierto, se ha ganado a pulso ser parte de la ‘primera unidad’. En el centro o en la izquierda, un seguro.

En este contexto llega el Real Madrid al envite de esta noche contra el Atlético. Un partidazo. Una gran semifinal que llevará un representante español a Cardiff. Una guerra de 180 minutos que hoy libra su primera batalla y en la que el vigente campeón parte como favorito porque defiende título, suma más entorchados que nadie en Champions y porque llega en su mejor momento. Enfrente tendrá un viejo conocido, un hueso duro de roer que busca por fin el reconocimiento europeo con un título que lleva persiguiendo desde que Simeone se sentó en su banquillo. Zidane, al que el crédito le avala, tratará de demostrar lo suyo no es una flor. Que cuanto más se trabaja, más suerte se tiene.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.