Cuando oía hablar de Spasic y Ricardo Rocha me daba cuenta de que no era fácil ser central en el Real Madrid. Ambos llegaron con la vitola de excelentes zagueros avalados por su trayectoria internacional, pero no se adaptaron a las necesidades y exigencias del Bernabéu, máxime en una zona tan comprometida como la del defensa central donde muchas veces es el todo o la nada. En años siguientes fueron otros los que acabaron engullidos por el puesto: apuestas arriesgadas como la del brasileño Julio César e incluso otras que parecían seguras como la de Walter Samuel, y sólo unos pocos pasaron con nota el examen para consolidarse. En 2007 llegó a Chamartín un defensa brasileño nacionalizado portugués desconocido para el gran público, por el que se pagó una generosa cantidad al Porto y de nombre tan cotidiano como poco habitual en los estadios como Pepe. “Vaya despilfarro”, pensaron muchos, pero poco se imaginaban que iba a ser uno de los fichajes más rentables que el Madrid haría nunca para su defensa. A día de hoy, mientras algunos grandes de Europa se las ven y se las desean para conformar una dupla fiable, el Real Madrid posee cuatro centrales de plenas garantías más un Jesús Vallejo que llama a la puerta desde Alemania, donde se encuentra cedido. Podría ser el sustituto de Pepe, dicen, si finalmente no renueva un contrato que concluye el próximo mes de junio.

Ya en el Madrid de Valdano, con Hierro asentado en el centro del defensa tras su exitosa y goleadora aventura en el centro del campo, y un Sanchís que fue el miembro de la Quinta del Buitre a quien más le duró la batería, un buen central como Rafa Alkorta tuvo que sentarse varias veces en el banquillo. A ellos se fueron uniendo, procedentes de la cantera, Fernando Sanz y García Calvo, que tuvieron sus minutos con el Madrid antes de hacer carrera en otros equipos de primera división.

Tres centrales en la Octava

En el año de la Octava no sobraban los efectivos: la lesión de Hierro obligó a Del Bosque a reforzar la zaga incluyendo un jugador más; así, Iván Helguera ejercía de líbero mientras Iván Campo y Karanka, que no acababan por consolidarse, eran los centrales, más protegidos con el cántabro tras ellos. De esta manera, Michel Salgado y Roberto Carlos tenían más libertad para subir al ataque. Ver un Madrid con cinco defensas era algo muy poco habitual, pero Del Bosque hizo de la carencia una virtud para levantar la Orejona. También estaban en esa plantilla un veterano Sanchís y Julio César, joven central que había destacado en Valladolid. Sólo estuvo una temporada y fichó después por el Milan, donde tampoco dispuso de oportunidades. El brasileño ha estado jugando hasta hace un par de años tras recorrerse medio mundo: México, Portugal, Grecia, Rumanía, Estados Unidos…

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Después llegaría la primera etapa de Florentino Pérez, con su peculiar forma de entender el mercado de fichajes. Aquello de Zidanes y Pavones se acuñó pronto, y es que el mandatario quería formar un equipo con base de canteranos aderezado con estrellas de talla mundial, olvidándose de una “clase media” que también era vital en los triunfos. Pasaban los años para Hierro y un Iván Helguera que compaginaba la defensa con el centro del campo, y en el Bernabéu se quiso confiar en los canteranos como Pavón, Mejía, Rubén e incluso Raúl Bravo, que fue reacomodado al puesto de central, pero aquello no salió del todo bien y Florentino se dio cuenta de que no sólo había que fichar grandes jugadores de ataque. Así llegaron Samuel, con la etiqueta de ser uno de los mejores centrales del mundo adquirida en el Calcio mientras vestía la camiseta de la Roma, y Woodgate. Ni el inglés por sus repetidas lesiones ni el argentino por su escasa adaptación a la zaga madridista triunfaron de blanco. Aquella etapa de Florentino agonizaba, pero poco antes ficharía un joven lateral derecho del que hablaban maravillas y de quien decían que tarde o temprano se ganaría la vida como central: era Sergio Ramos.

Con Ramón Calderón en la presidencia volvió Capello al banquillo del Bernabéu, y con él llegó Fabio Cannavaro, reciente Balón de Oro y campeón mundial con Italia. El exjuventino dejó su sello en Madrid, pero sin alcanzar las cotas de excelencia que había conseguido en su país. Para defensores como él y Samuel, procedentes de la Serie A, no era sencillo adaptarse a los espacios que había en la liga española. Calderón fichó otros centrales como Heinze y Metzelder, pero sin duda, su gran acierto fue Képler Laverán Lima Ferreira, más conocido como Pepe.

Con Florentino de nuevo en la presidencia y la promesa de haber aprendido de errores pasados y devolver al club su grandeza europea, llegaron defensas como Albiol, que alternó buenas actuaciones con despistes, y Ezequiel Garay, que ya había sido contratado por la presidencia anterior y que no repitió el rendimiento que había tenido en el Racing. Se decía entonces que Florentino recelaba de los jugadores contratados por Ramón Calderón, y Pepe era uno de ellos, pero su rendimiento en la zaga madridista era incontestable. Ya con Mourinho en el banquillo llegaría un veterano de su plena confianza, Ricardo Carvalho, que protagonizó una primera buena temporada en Chamartín. Por su parte, Zidane recomendó el fichaje de un joven francés que con 17 años ya destacaba en la Ligue 1: era Raphaël Varane.

Con el tiempo, Sergio Ramos abandonó el lateral derecho y se consolidó en el centro, como habían predicho los que le conocían bien, y formaría una de las mejores duplas de Europa junto a Pepe. Tras ellos, Varane esperaba su oportunidad a la vez que temporada tras temporada crecía y daba muestras de que se convertiría en uno de los mejores centrales del mundo, hasta el punto de ser titular con Francia sin serlo en el Madrid. Por su parte, un canterano con el don de la polivalencia como Nacho se hacía hueco en la primera plantilla y hasta en la selección española, aun siendo suplente de los indiscutibles Ramos y Pepe. Mientras tanto, en el Zaragoza surgía una perla en el centro de su defensa y el Madrid se adelantó a otros clubes para su contratación: así, Jesús Vallejo firmaba por el club blanco y este decidía cederle un año a la Bundesliga, concretamente al Eintracht de Frankfurt, para así repetir la fórmula que tan bien funcionara con Carvajal en Leverkusen. En Alemania están encantados (y maravillados) con el rendimiento que está ofreciendo el joven zaguero de tan sólo 19 años.

Renovación de Pepe en el aire

Hoy en día, con Sergio Ramos, Pepe y Varane ya en el mismo escalón y estos dos últimos alternando el puesto, más Nacho como alternativa para cualquier puesto de la defensa, el Madrid tiene el centro de la zaga más que cubierto. Sergio Ramos y sus milagros en el tiempo de descuento seguirán siendo fijos, mientras que Varane lleva seis años ya (quien lo diría) creciendo y esperando su momento, tiempo en el que ha demostrado ser presente y futuro de la zaga titular madridista. Pepe termina contrato en junio, y su situación no está clara: no hay acuerdo respecto a la duración del contrato, ya que en las oficinas blancas tienen por norma renovar año tras año a los jugadores de más de 32 en función de su rendimiento, y Pepe, a punto de cumplir 34 primaveras, demanda dos años más. Lo que está claro es que no todos los jugadores llegan igual a esas edades, y Pepe sigue siendo tan fiable como siempre, algo que demostró el pasado verano cuando fue uno de los mejores centrales de la Eurocopa que conquistó con Portugal. Ofertas no le faltarán: tanto de las mejores ligas como contratos mareantes procedentes del pujante fútbol chino.

Lo positivo para el Madrid es que no tendría que acudir a un mercado en el que no sobran los centrales de primer nivel y en el que hay que hacer grandes desembolsos (ahí están los casos de Eric Bailly o John Stones). Con Varane, Sergio Ramos y Nacho en plantilla y con Vallejo esperando su oportunidad no parecería dramática la baja de Pepe, pero sería difícil reemplazar a uno de los mejores centrales que han vestido esta camiseta.

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Gabriel Caballero

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