Llevaba tanto tiempo sin sentarme delante del ordenador a escribir que cuando lo he hecho, la versión crackeada del Office que utilizo me ha vuelto a pedir la clave para poder utilizarlo. Tras seguir unas sencillas instrucciones, he podido deshabilitar la versión de prueba y disfrutar de todas las ventajas que ello conlleva, que para mí se reducen, básicamente, a hacer desaparecer una franja roja de la parte superior —que de manera inconsciente me da a entender que soy un rata— y una molesta ventana emergente que me recuerda lo mismo cuando, de vez en cuando, lo desempolvo.

Setién y el Barça

Sin embargo, en el interior de mi cabeza llevaba días, semanas, publicando artículos invisibles. Creo que cuando más cerca estuve de plasmarlo en este blog fue cuando el Barcelona rozó el esperpento con la manera en la que despidió a Valverde y acabó fichando a Setién. El tema de los posteriores 1000 pases y ese perfume con aroma a nada que desprendía el fútbol del equipo culé también fue carne de discusión en mi cerebro, que no terminaba tampoco de encontrar un consenso: como casi siempre. Sin embargo, los dos últimos partidos —ante Athletic en Copa y Betis en Liga— ofrecen el beneficio de la duda al nuevo entrenador que, como un servidor con su procesador de textos, tiene por delante la difícil misión de pasar de la versión de prueba a la definitiva. O, quizá, si es con el mejor Messi, baste con crackearla.

Lo del mercado de fichajes también removió las escasas neuronas destinadas al deporte rey que anidan en el arriba firmante. A destacar, también, el papel del Barça a la hora de buscar un recambio para Luis Suárez y, en líneas generales, la pésima gestión a la hora de configurar la plantilla ahora que llega el momento de la verdad. Es cierto que han abandonado el vestuario blaugrana futbolistas con protagonismo residual, pero no lo es menos que si ya de por sí andaba un tanto debilitado en ciertas posiciones, ahora lo está un poquito más. También pensé, en su día, escribir sobre dos jugadores a los que veía muy perfil Suárez: el Chimy Ávila —que se lesionó de gravedad y ya no podrá ser— y el tocayo del delantero uruguayo, pero que es colombiano y juega en el Real Zaragoza. Luis (Javier) Suárez ya me enamoró cuando jugaba en el Nàstic y en La Romareda andan prendados con su garra, esfuerzo volcánico y espectro de cualidades que, salvando las distancias, se asemejan a las del charrúa.

Ben Arfa en Pucela

En el capítulo de altas, el fichaje random que casi me incita a comprarme la camiseta con su dorsal y su nombre fue la de Hatem Ben Arfa por el Valladolid. A la emoción inicial por ver su zurda en nuestra Liga se fue uniendo poco a poco el desencanto por el contexto en el que llega: para seis meses (que en realidad son cinco y del que ya se ha consumido uno), después de estar otros tantos en el dique seco, en un conjunto que no está para demasiados experimentos y que necesita de su talento, aunque sea con cuentagotas, de manera urgente. Con 32 años, el demonio de mi interior me dice que ha llegado a Pucela para recuperar el tono físico y encontrar un acomodo más interesante en verano. Pero el ángel, que prefiere obviar su calentamiento previo al debut y su posterior discreto cuarto de hora, me dice que será un fichajazo y que se reserva alguna tarde de gloria en Zorrilla.

Zidane y el resurgir

Y lo del Real Madrid deja en evidencia a la intuición con una realidad aplastante. De lo mal que comenzó a lo bien que está. De la escasa ilusión a liderar el campeonato doméstico. Bajo las órdenes de un técnico que hizo caso omiso a lo que se suponía que debía hacer —una limpia en el vestuario— y que poco a poco ha vuelto a tejer los mimbres de un equipo campeón. La eliminación copera —lo de Isak también es harina de otro costal— no empaña la progresión de los madridistas, que han pasado de habitar una noche oscura, donde no había cabida para la luz, a disfrutar, cada domingo, de un nuevo atardecer.

Hay muchos más posts en el borrador de mi cabeza. Pero de momento, y mientras el Word lo permita, publicaré este.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.