Diez

Torres-Roche

Había división de opiniones. Los menos puestos, por llamarlo cariñosamente, decían que España se estaba pasando, que esa pobre gente no merecía tal humillación. En el mismo grupo algunos se preguntaban cómo se puede presentar en la Copa Confederaciones una selección incapaz de dar una a derechas. Luego estaban los que siguiendo el mensaje de los internacionales, aseguraban que la mejor manera de no faltar al respeto a Tahití era jugando al fútbol y haciéndolo como mejor sabe la Roja. Y luego estaba yo, recordando ese post en el que reclamaba clemencia hacia la campeona de Oceanía; que no me inmutaba ante los goles de nuestro combinado aunque me alegraba de que hubiésemos marcado más que Nigeria, más que nada por el tema de acabar primeros o segundos de grupo. Eso sí, el penalti que mandó a la cruceta Fernando Torres me hubiese gustado que lo parara el ‘bueno’ de Mickaël Roche.

El partido, pese a los tintes de pachanga que cobra todo lo que tiene que ver con Tahití en esta Confecup, sí pasará a los anales de la historia. Por lo menos, la de Maracaná, que de mítico aún conserva el nombre. El reformado estadio, cuya capacidad ha pasado de 200.000 en 1950 a los algo menos de 79.000, fue testigo de la mayor goleada jamás vista en el coliseo de Río. La anterior data de 1959 cuando Brasil le endosó siete chicharros a Chile. Datos aparte, los que se suponen que deben ser los suplentes Del Bosque manifestaron su superioridad sin rodeos. Y eso que a la media hora el resultado no era del todo desalentador para los Tehau y compañía. El 1-0 a los cinco minutos de Torres hacía presagiar la esperada gran goleada, pero Tahití aguantó como el campeón que es 26 minutos hasta el segundo, obra de Silva. A partir del tanto del canario, la lluvia de goles cogió sin impermeable a los tahitianos, acostumbrados al sol.

Me acordé especialmente de Soldado. Me lo imagino mordiéndose las uñas en el banquillo viendo cómo sus homólogos hinchan sus estadísticas ante un débil combinado. Con lo que se ha hablado de su titularidad contra Uruguay y el debate en torno al ‘9’ clásico. Pero tranquilo, Roberto, que sabemos que si hubieses jugado de la partida, como el Niño o el Guaje, hubieses marcado cinco. Entre Torres y Villa marcaron el 70% de los goles: cuatro el madrileño y tres el asturiano. El citado Silva, con el 20% restante, y Mata, con un 10%, fueron el resto de jugadores que tuvieron incidencia en el abultado resultado final. El que quiera sacar conclusiones que las saque, pero que los suplentes de la Roja son muy buenos ya lo sabíamos. Quizá falta saber si alguna de sus actuaciones ha provocado que el seleccionador se plantee algún cambio de cara a las semifinales. En el último partido de la primera fase, el que seguro que saldrá es Valdés.

En NdF | Tahití es de azúcar

Sobre el autor Ver todos los posts

Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.