Tahití es de azúcar

Tahiti-Confederaciones

Ser de azúcar era un lujo. Tus contendientes en el juego escogido, ya fuese el pilla-pilla, el escondite inglés o el pica-pared, sabían que tú todavía no contabas con su empaque para afrontar el elevadísimo nivel de aquellas pachangas infantiles, por lo que de alguna manera te convertías en inmune ante sus ojos. Pocas veces la llegarías a parar. Es más, por ser de azúcar tenías más probabilidades de ganar que de perder. Porque corrías menos rápido, porque nunca te querían pillar o porque por condescendencia te permitían ciertas licencias de las que te aprovechabas haciendo gala de tu ingenuidad. En la Copa Confederaciones Tahití es de azúcar. No vale cebarse contra una selección así de pequeña, con tanta inexperiencia, con ese exceso de inocencia cautivadora. Nigeria no ha entendido muy bien las reglas y le ha metido seis. Eso sí, lo que no esperaban los africanos es que Jonathan Tehau, que comparte expedición con sus dos hermanos, Alvin y Lorenzo —que son gemelos— y su primo Teaonui, lograra un gol que eleva a categoría de héroes a los modestos campeones de Oceanía.

Con su seleccionador, Eddy Etaeta, llorando como una magdalena al escuchar el himno y con sus pupilos saltando al terreno de juego de Belo Horizonte con los típicos collares de las Islas que regalaron a sus adversarios, comenzó un encuentro en el que las Águilas Verdes fueron por faena. Uno, dos, tres… Tahití iba encajando tantos como churros, demostrando que, efectivamente, solamente uno de sus internacionales es profesional en el tema. En el primer gol, empero, colaboró el árbitro, que dejó en bandeja el esférico al jugador nigeriano para que su disparo desde la frontal rebotara en dos cientos jugadores tahitianos antes de que se colara entre los tres palos. El segundo llegó tras una pérdida de balón. Y el tercero, tras otro regalo del portero, que no contento con ofrecer el citado collar, vio como la pelota se deslizaba por sus manos antes de que lo aprovechara Oduamadi —que firmó un abusivo triplete—. Al descanso se llegó con tres goles de renta para Nigeria, que a diferencia de su rival, estuvo a punto de no viajar a Brasil por culpa de las primas que le ofrecía su federación.

Dudo que en Tahití hayan negociado alguna compensación económica, pero si lo han hecho, no han tenido en cuenta el hecho de ganar algún partido. La idea desde que aterrizaron era clara: «Nuestro sueño más delirante como equipo es meter un gol», reconocía su preparador. Y bien, tuvieron que pasar cincuenta y cuatro minutos para que esa utopía sencilla cobrara vida. El único que se dedica de forma activa a esto, el otrora estrella del Nantes Marama Vahirua, botó el córner de la discordia africana. Ahí, en el segundo palo, esperaba ansioso Jonathan Tehau, que vio como la bola superaba a Ambrose y remató con la testa para recortar distancias y trasladar la locura a la Polinesia Francesa. En su peculiar celebración remamos todos. Dio igual que el protagonista de la hazaña marcara después en su portería, y que tras aquello cayeran dos más. Lo importante fue disfrutar del fútbol a Tahití como si de un juego de niños se tratara. Y donde ser de azúcar, ya lo decíamos, provoque celebraciones tan dulces. Aunque el rival no entienda de reglas no escritas.

En NdF | Copa Confederaciones 2013

Sobre el autor Ver todos los posts

Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.