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26 febrero 2008


Recordando a “los potros” de Mönchengladbach

Enrique Vaquerizo

Borussia

La Bundesliga ha sido asociada tradicionalmente al feudo particular del Bayern de Munich. Año tras año, el gigante bávaro domina a placer el campeonato. Los rivales deben esperar las crisis del ogro para alterar el orden establecido, como el Stuttgart la temporada pasada. Durante los últimos quince años, tan sólo el Borussia de Dortmund, con el inolvidable equipo de los Riedle, Möller y Sammer, ha logrado pegar un zarpazo en Europa. Sin embargo, hubo un tiempo en que no sólo el Bayern defendía el orgullo germánico.

El segundo equipo por palmarés de la Bundesliga no es el Borussia de Dortmund, el Werder Bremen o el Kaiserslautern. En estos momentos, se debate en el purgatorio de la segunda división, pertenece a una ciudad de apenas doscientos mil habitantes, y hace treinta años que no gana nada relevante. El segundo equipo más importante de Alemania es un Borussia menos conocido que los amarillos de Dortmund. Sin embargo, a mediados de los 70 conjuntaron un grupo de ensueño que maravilló Europa desde la pequeña ciudad de Mönchengladbach.

A pesar de su creación en 1900, el Borussia de Mönchengladbach no asomaría por la Bundesliga hasta 1965. En apenas cinco años, el equipo transformaría radicalmente el pasaje del fútbol alemán. Como responsable aparece la figura del técnico Weisweller, de su mano debutó en el equipo una joven generación de jugadores conocidos como “los potros” por su juventud. Treinta años después los nombres de todos ellos aparecen grabados con letras de oro en la historia del fútbol teutón.

En la nómina de aquel equipo tres jugadores que han dejado huella en el fútbol español en general y en el Real Madrid en particular. Jupp Heynckes, era el extremo izquierda y líder espiritual de aquel equipo, todo potencia y habilidad. Netzer constituía la calidad anárquica de esos talentos anárquicos que a veces regala el fútbol alemán y que parecen rebelarse contra sus señas de identidad. En la línea de jugadores como Schuster o Effenberg, Netzer “la calculadora alemana” representaba el cerebro y la sutileza. Las señas puramente germánicas las marcaba Verti Vogts, el mejor lateral diestro de la época. Junto a ellos, un imberbe Stielike (santo y seña del madridismo unos años después), ponía el entusiasmo y el descaro, y los daneses Jensen y Simonsen, la clase arriba. Otros componentes de la Alemania ganadora del mundial 74, como Wimmer o Bonhof. En suma, un auténtico equipazo.

Las ligas del 69 y el 70 irían a parar a una Mönchengladbach que apenas daba crédito a lo que veía. Los años siguientes estuvieron marcados por el despertar del león bávaro. En Munich contaban con un jovencísimo portero llamado Sepp Maier, la máxima expresión de la voracidad goleadora, Torpedo Müller, Hoeness y el gran Beckenbauer. Dos colosos enfrentados mano a mano en Alemania. Similares niveles de calidad pero mucho mayor oportunismo histórico en Munich. Del 71 al 74 serían los años del Bayern en Alemania, tres bundesligas como saldo para el gran Beckenbauer. Cuando Heynckes y compañía alcanzaron su plenitud y dominaron en Alemania del 75 al 77, en Munich se contragolpeaba con la irrupción en el panorama europeo y la conquista de tres Copas de Europa consecutivas. En Mönchengladbach se contentaban con dos copas de la UEFA, premio nada menor dada la dificultad de la competición en aquel momento. El fútbol alemán asolaba Europa.

En este duelo de egos a punto estuvo el Borussia de decir la última palabra. En 1977 llegaba la oportunidad soñada. Ya con Udo Lattek en el banquillo, se enfrentaban en la final a otro equipo destinado a hacer historia. Tras los Beatles, otro grupo de melenudos con Keegan a la cabeza llenaba de gloria a la fría e industrial Liverpool. El 3-1 final acababa con el Borussia y precipitaba la diáspora de sus mejores jugadores.

Así, aplastado por dos mitos como el Bayern de Beckenbauer y el Liverpool de Keegan, ha llegado muerto hasta nosotros el recuerdo de un grandísimo equipo, “los potros” de Mönchengladbach. Treinta años después, el club intenta al menos recuperar un lugar en la Bundesliga, mientras vive de los recuerdos de un pasado brillante pero efímero. Como el Nottingham Forest o el Saint Etienne, sueños de grandeza de ciudades pequeñas que vivieron su momento de gloria cuando el fútbol y el capital aún dejaban un resquicio a los milagros.

Más información | Futbol factory
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