La mejor cara de la vida en lo más amargo de la derrota

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Echando un vistazo a mis antiguos borradores me reencontré con un borrador que en su momento me quedó en el tintero. La historia que cuenta el vídeo que encabeza este post es imperecedera, por lo que me ha aparecido oportuno publicarla para todo aquel que no haya tenido la suerte de conocerla. Además, habiendo hablado ayer de la peor cara del fútbol, qué mejor manera de compensarlo que con esta preciosa historia de amor.

En los momentos amargos de la vida el ser humano tiende a sacar lo mejor y lo peor de sí mismo. Esta historia la protagonizan un padre y su hija. Él, Rogier Meijer, centrocampista del De Graafschap holandés, sucumbe al desconsuelo de la derrota: su equipo acaba de descender a la Eerste Divisie (segunda división). Sentado junto a la línea medular, manos entrelazadas, codos en las rodillas, cabeza baja. De pronto la cámara detecta que se acerca alguien, una niña, la pequeña hija de Rogier.

Saar, así se llama, llega junto a su padre y le pone su mano en el hombro, tratando de darle consuelo en un momento de desolación. Rogier, roto por el dolor y, posiblemente, emocionado hasta el extremo ante la indescriptible grandeza del gesto de su hija, se deja caer de espaldas sobre el césped. Y ella, insistente en su objetivo, persigue la mirada de su padre con sus ojos. ¡Qué maravilla…!

El fútbol, que cada fin de semana nos enseña lo peor de muchas personas, a veces también nos deja imágenes de una belleza sobrecogedora. Esta es una de ellas. Yo, desde luego, me he hecho un poco del De Graafschap por culpa de esta niña…

En NdF | ¡Qué grande es el fútbol!
Vídeo | YouTube

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