Hace dos días que decíamos que Abel Resino tenía los días contados en el Levante, y así ha sido. Pocas horas después de ese post, en la noche del domingo tras la contundente derrota por 3-0 ante el Zaragoza, el club hacía oficial su destitución.
Ya se había hecho prácticamente imposible que Abel enderezara el rumbo de un equipo que jornada tras jornada se hunde más. Farolillo rojo de la tabla, con un punto en siete jornadas. Parece mentira que a estas alturas de la temporada ya estemos hablando de un claro candidato al descenso.
En la noche de ayer Abel fue entrevistado en El Larguero de la Cadena Ser, y afirmó que el club no le había traído nada de lo que pidió, y que a él no le dejaron participar en la formación del equipo. La cuestión es, ¿por qué lo ha permitido? Preguntaba ayer qué podía haber hecho él. Algo tendría que decir el hombre que había salvado al club del descenso, ¿no? Y en caso contrario, haberse ido con la cabeza bien alta.
Tenemos el ejemplo de Marcelino García. Este verano estuvo a un pelo de firmar por el Betis, pero cuando Lopera no estuvo dispuesto a cumplir con unas mínimas peticiones del técnico asturiano, este rompió las negociaciones y se buscó otro destino. Abel no siguió el mismo camino, y como resultado ha tenido que lidiar con una plantilla muy floja, que necesitará ser reforzada profundamente en el mercado de invierno
Y por otra parte, espero equivocarme pero parece peor el remedio que la enfermedad, ya que el club está a punto de cerrar la contratación de Gianni De Biasi como sustituto de Abel. Un técnico italiano cuya única referencia es que de quince temporadas entrenando en Italia, sólo cuatro de ellas han sido en la Serie A. Complicadísima papeleta en una Liga nueva para él y manejando a unos futbolistas que no conoce.



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