El show de Messi

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Fue entregarle a Cristiano Ronaldo el Balón de Oro y Messi despertó de su letargo. No es que estuviese dormido, pero para entonces se hablaba más de su mala relación con Luis Enrique que de sus actuaciones sobre el verde. La fiera que había en su interior reaccionó de manera salvaje al famoso chillido de CR7 en la ceremonia en la que nadie discutió los méritos del portugués. Pero desde entonces, desde ese preciso momento, el crack del Real Madrid ha caído en barrena, envuelto en mil y uno episodios deportivos y extradeportivos mientras su némesis se dedicaba a acallar bocas a base de goles, liderazgo y encaramarse a un Pichichi en la Liga que pocos apostaban cuando la diferencia entre ambos era abismal. Ese Messi TOP, ese Messi que decide partidos, ese Messi en el que gira el Barça, es el Messi que ha vuelto. Y que anoche, ante el Manchester City, hizo enloquecer a todo el Camp Nou con su pericia.

Hay quienes piden y todo que se repita la gala del Balón de Oro y que Ronaldo ceda su trofeo al argentino. Un poco bestia, sí, porque el año pasado del’7’ fue de traca. Pero entre los que apuntan que su vida sentimental no es la deseada, que se le fue de las manos su fiesta de cumpleaños y que reta en exceso al Santiago Bernabéu y a la prensa, su clarividencia sobre el terreno de juego ha perdido nitidez. Mientras Cristiano parece estar enfadado con el mundo, el mundo sonríe con Leo. Lo de anoche fue antológico. El Barça ganó por la mínima (1-0 y 3-1 en el global) ante un rival de capa caída como el de Pellegrini, que tiene en sus filas jugadorazos como Silva, Agüero o Touré y que es incapaz de fabricar fútbol pese a los inmensos mimbres. No ganó a un Segunda B, ni en la Copa Catalunya. Pero los hay en que creen que así fue. Y el mérito, si bien es de todo el equipo, apunta al nombre del ‘10’. Cuando él dirige, los de Lucho son superlativos.

Con qué paz, con qué serenidad, con qué destreza, con qué magia volvió loco al rival. Con qué sutileza lanza caños. Con qué cara deja a sus rivales. Con qué inmensidad ha vuelto a dejar pequeño a un gigante. No marcó pero de sus botas nació el mejor fútbol que cualquier equipo puede parir. Suya fue la asistencia en el gol de Rakitic y suyos fueron los pases que ni Neymar ni Luis Suárez acertaron a remachar ante otro inmenso Hart, responsable junto a la madera que al City no le cayeran cinco o seis. Curioso que Pellegrini pidiera en la rueda de prensa previa al duelo que su equipo terminara con once hombres y que luego Nasri le metiera una patada asquerosa a Neymar. Inexplicablemente, terminaron los once que demandaba el chileno, pero para qué. Incluso Stegen, cuando el partido se había vuelto un poco loco, le detuvo un penalti a Agüero que a saber si hubiese metido el miedo en el cuerpo de un Barça fallón pese a la incandescencia de Messi.

El Barça entra por la puerta grande a los cuartos de final de la Champions a tres días del Clásico. Si a mediados de temporada, cuando pedían la cabeza de Luis Enrique, nos lo explican, alucinaríamos. El domingo se viene el mejor partido de la temporada a nivel doméstico. El Madrid llega como una mosquita muerta, pero ha demostrado en demasiadas ocasiones, que las mata callando. El Barcelona es favorito, es el líder, es el que ha dado con la tecla, tanto física y anímicamente, en el tramo más importante del curso. Y cuenta con un Messi con ganas de Pichichi, con ganas de Balón de Oro, con ganas de que recobrar su hegemonía como mejor futbolista del planeta. Ayer volvió a llevar en volandas a su equipo. Y el domingo, sueñan los culés, que fruto de sus carreras, de sus regates y de sus goles, el Barça duerma cuatro puntos por encima del archirrival.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.