
Las luces y los taquígrafos apuntan al de siempre y las portadas las copan normalmente quienes más ruido mediático alzan. Sin embargo, los elogios son algo que habitualmente se pueden compartir con más desahogo en el interior de los periódicos y en el nudo de las crónicas. Mientras Messi los acapara con todo el derecho del mundo, jugadores como Adriano Correia deben conformarse con formar parte de un destacado. En un rincón de la página, en la esquina superior o inferior. A la izquierda o a la derecha, pocas veces en el centro. Pero el destacado es merecido y, además, se ajusta a la perfección a una posible definición de su relevancia en el actual Barcelona. Destacado como el que más, siempre en silencio, sin rechistar cuando no juega, pero haciendo enloquecer cuando lo hace. Es un futbolista en modo ‘mute’ que levanta de sus asientos a la grada cuando es menester y que provoca el grito desbocado con sus goles, un trabajo extra que añade valor a su ya de por sí labor encomiable en cualquier posición donde le sitúen.








