
No sé por qué ayer me acordé de este jugador, uno de mis ídolos futbolísticos en mi infancia y adolescencia, así que pensé en dedicarle un post. A finales de los ochenta y principios de los noventa, mi querido Betis deambulaba sin mucho éxito por Segunda División, y mientras por esas latitudes yo esperaba el ascenso, de Primera División me encantaba un jugador del Oviedo fácilmente reconocible: zurdo con el diez a la espalda, melenas algo desaliñadas y un instinto goleador absolutamente fuera de lo común.
Se trataba, por supuesto, del delantero simplemente conocido como Carlos. Formado en las categorías inferiores del Barcelona, este jienense tuvo siempre el paso barrado en el gigante azulgrana, por lo que probó suerte en varios equipos en calidad de cedido hasta que llegó al que sería su club insignia, el Real Oviedo.
No creo que hayan olvidado en el equipo carbayón a este delantero de raza. Era un jugador más bien bajo y con apariencia de “ratonero”, pero era uno de los mejores rematadores de cabeza de la liga. Estaba bendecido por el gol, que buscaba en cada partido como si fuese una final y que solía lograr, merced a su ya mencionada capacidad de remate y a su zurda de oro. Cuando llegó al Oviedo fue máximo goleador de Segunda, propiciando el ascenso del club asturiano y su fichaje por el Atlético de Madrid.
Pero las cosas no le fueron bien en el equipo colchonero y volvió a Oviedo para quedarse siete temporadas en un equipo que gracias a su instinto goleador y a la enorme calidad de otros jugadores como el capitán Berto lograron ser un outsider de la máxima competición española y llegaron incluso a disputar la UEFA. Jamás entendí como no era un habitual en las convocatorias de la selección, por aquel entonces con una plantilla fija y con pocas variaciones, con la columna vertebral formada por jugadores del Barça del Dream Team. Con todo, yo insistñia en que Carlos debía ser el delantero centro indiscutible, desde luego por encima de Salinas. Las pocas veces que fue convocado no decepcionó: seis goles en seis partidos. Aún así, no fue convocado para ningún torneo importante con “la roja”.
Los dos principales recuerdos que tengo de él son, en primer lugar, cuando marcó dos goles al Sporting en un derbi asturiano por todo lo alto y con el estadio a reventar, en un partido muy disputado y que sólo pudo resolver la rabia de Carlos Muñoz en favor de los suyos. Por desgracia, ahora ambos equipos hace tiempo que no están en la élite del fútbol español. Por último, recuerdo el día que por fin lo vi en persona. Fue en su última temporada en el Oviedo, cuando tenía que disputar un partido en el campo del Espanyol y el encuentro se celebró en la Nova Creu Alta de Sabadell porque el Espanyol estaba sancionado, no recuerdo por qué motivo.
Aprovechamos que tanto los jugadores del Espanyol como los del Oviedo se alojaban en céntricos hoteles de Sabadell para ir a hacerles una visita y pedirles autógrafos. Y allí, en medio de una tranquila concentración de jugadores que estaban en el hotel leyendo el diario o jugando a juegos de mesa, estaba Carlos al que me apresuré a pedirle un autógrafo. Recuerdo que me sorprendió lo “envejecido” que estaba, con su cara mostrando ya las típicas arrugas de los trentaitantos que indicaban que no le quedaba mucho tiempo en el máximo nivel. No le dije nada, y el autógrafo no sé qué hice con él. Para mí no era importante decirle alguna chorada o su garabato: sólo quería verlo de cerca.
Por cierto, también fui a pedirle un autógrafo a Onopko mientras estaba leyendo un diario y, sin cambiar un ápice su expresión facial, dejó el diario sobre la mesa, tomó el bolígrafo y la libreta, firmó, me los devolvió y siguió leyendo el diario con una frialdad pasmosa, con movimientos mecánicos tipo Robocop. Desde luego el central cumplia esos tópicos alusivos a la frialdad de los rusos…
Para Carlos en efecto fue su última temporada en España. Colgó sus botas en el Puebla mexicano, donde siguió marcando goles a diestro y siniestro hasta su retirada definitiva. Para mí, sin duda uno de los delanteros más injustamente olvidados del fútbol español, pero que seguro que los aficinados del Oviedo recuerdan con el mismo cariño que yo.


Comentarios
También era mi ídolo Carlos. La verdad es que el tipo fue un crack, lástima que a última hora y cuando más lo necesitábamos fue a apoyar al Oviedo ACF, ya sabes aquel invento del alcalde Oviedo para suplantar al Oviedo real. Una pena.
Esi si, lo que a mi me gustaba este tío no lo sabe nadie!!.
Yo lo recuerdo en el Puebla. Como bien dices llegó al futbol mexicano para retirarse y bastante avejentado, sin embargo eso no evitó que mostrará su clase en el campeonato. Si no mal recuerdo incluso salió campeón de goleo, llegó a marcar 5 goles en un solo partido y tiene uno de los goles más lejanos jamás anotados (desde un poco atrás de la media cancha). Habrá jugado como 2 o 3 temporadas (en México las temporadas son de 6 meses) pero dejó una gran impresión.
Gran delantero. Me lo encuentro prácticamente todas las semanas, y he de decir que sigue estando en forma…
Con Lacatus formaba una pareja de lo más "guerrera" para las defensas rivales. pero con quien más rindió como delantero fue con Janko Jankovic. Y como bien dice Sergio, tuve que devolverle algunos favores al alcalde, y se fue a apoyar al "engendro", con lo que para los oviedistas supuso una de las mayores traiciones que se pueden tener. Su época fue la que nos acercó al fútbol a muchos. Y nos metió el virus dentro y ya no lo podemos sacar. Pero eran otros tiempos: gradas con entradas de pie, no había "pay per view", no había jugadores "galácticos" (sólo "quintas" y "dreamers") ni una mercadotecnia tan bestial como hay ahora, etc.