Un Barça timorato se atasca en Milán

FCBarcelona-Celebracion-Milan

Kakà y Robinho, dos futbolistas que para muchos están para el arrastre, protagonizaron la jugada del primer gol del Milan contra el Barcelona. Ambos tienen en común su paso desafortunado por el Real Madrid. El primero, un pasado glorioso. El segundo, un pasado plagado de expectativas sin cumplir. Pero entre los dos, en una conexión brasileña que pilló a contrapié la defensa barcelonista, abrieron la lata en San Siro. Un tándem que hace unos años estaba destinado a liderar a su selección y que hoy da sus últimos destellos de calidad en el Milan, conjunto siempre abierto a este tipo de jugadores. Enfrente, su antítesis: un Messi a pleno rendimiento y un Neymar que a estas alturas ha generado más esperanzas y fútbol que Robinho en su día. Sin embargo, Barça y Milan empataron a uno. Razones, varias.

El 1-0 a los nueve minutos no lo esperaba el cuadro del Tata Martino. De hecho, no se esperaba que el rival saliera tan motivado o, de alguna manera, tan entusiasmado. Ese fue uno de los motivos por los cuales el Barça sólo se llevó un punto de Italia. Salió sin la lección aprendida, con aires de superioridad, sin la intensidad que requería el duelo. El Milan sí entró al partido con los deberes hechos: seguramente a sabiendas de que en condiciones normales los culés podían herirles de guerra, optaron por la vía del inicio abrumador: un pase del susodicho Robinho sobre Muntari puso en alerta a Víctor Valdés. La jugada, anulada por fuera de juego del ghanés, fue la antesala del gol. Un fallo garrafal de Máscherano, que regresaba tras lesión, y el escaso entendimiento con Piqué dejaron en bandeja el cuero a Robinho, que tras pared con Kakà, no perdonó.

Robinho-Milan Por suerte, la ventaja visitante no duró demasiado. Messi, desde el flanco derecho, se inventó una jugada con la llegó el empate, apenas un cuarto de hora después. Por ocasiones, el Barcelona mereció más. Por ambición, el empate es justo. Porque el Milan no se quedó de brazos cruzados. Si bien su filosofía era clara —esperar para matar en una contra— Robinho tuvo en sus botas la posibilidad de adelantar otra vez a los suyos. Incomprensiblemente, con todo a su favor, golpeó al aire. El Barça salió con todo en el inicio: mucha pólvora, pero en su mayoría mojada. Neymar estuvo desafinado, Alexis no fue el de las grandes ocasiones y Messi bastante hizo con firmar el 1-1. Ni Iniesta, ni Adriano ni el etcétera que buscó darle la vuelta al marcador cumplieron su cometido. El empate, por ese fútbol al que le faltó velocidad en la elaboración y chispa en la definición, fue merecido en ambos bandos.

Eso sí, todo tirón de orejas que se le pueda aplicar a este equipo no implica la dificultad del escenario, donde el curso pasado el Barcelona vivió uno de los peores capítulos de la temporada, ni que la clasificación a octavos de final, con el punto cosechado, esté más que encarrilada. Lidera el Grupo H con siete puntos, dos más que el Milan, y cuatro sobre el Celtic. El Ajax, sin ninguna victoria, cierra la clasificación con un punto. Todo hace indicar que entre lombardos y escoceses pelearán por el otro billete a la siguiente fase. De aquí a dos semanas los de Allegri visitarán el Camp Nou. Dentro de unos días, y en competición doméstica, lo hará el Real Madrid. Un momento perfecto para aclarar las dudas de los que sospechan tras dos empates consecutivos. Éstas, también hay que decirlo, también son un clásico entre los culés.

En NdF | UEFA Champions League 2013/2014

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.