La camiseta del Manchester

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El otro día estuve viendo camisetas de fútbol en un centro comercial al que, para no hacer publicidad, llamaremos Corte I. No, es demasiado obvio, mejor C. Inglés. Allí vi la bizarra tercera camiseta del Madrid con el dragón, la preciosa equipación del Milan con el escudo de la ciudad en lugar del escudo del club, la más naranja que nunca camiseta de Holanda o la zamarra del Inter con su nuevo azul oscuro. Todas a un precio desorbitado, como están hoy las camisetas de fútbol. También estaba la camiseta del nuevo Manchester United, un equipo que siempre apetece, más aún con el fichaje de Van Gaal para el banquillo y más aún con los recientes fichajes que llegaron a Old Trafford. Este año luce la publicidad de Chevrolet y, con los jugadores de que dispone, el de Van Gaal puede llegar a ser un turismo de lujo aunque aún le queda bastante rodaje, lejos todavía del Mercedes de Mourinho o el BMW más rodado de Pellegrini. Mientras tenía la camiseta del United en mis manos, imaginé un improbable y alocado partido para el fin de semana contra el Leicester

Imaginé que Van Gaal alineaba juntos a Falcao, Van Persie y a Rooney algo más retrasado, todos ellos junto a Di María. Formaba con una defensa de cuatro tras el fallido intento de implantar la zaga de cinco que tan buen resultado le había dado con Holanda en el Mundial. En el centro del campo estarían Ander Herrera y Daley Blind: un centro del campo y un ataque de lujo por delante de una defensa más bien normalita. Por parte del Leicester, que jugaría como local, formaba un futbolista llamado Drinkwater y el Cuchu Cambiasso repartiría juego en el centro del campo. Imaginé que el Leicester le plantaría cara al todopoderoso United, ¿por qué no? Ya les había visto meter en un brete al Chelsea.

En este partido que imaginé, el Manchester acabaría haciendo gala de su pegada mientras Di María se erigiría como el estandarte del equipo partiendo desde el centro pero con su clásica tendencia a moverse hacia la izquierda. En realidad, todo el United se echaba a la izquierda: Rooney se escoraba hacia ese lado, Falcao protagonizaba buenas jugadas en esa banda, como la asistencia en el primer gol a Van Persie, y Rojo subía desde el lateral mientras Shaw veía el partido desde el banquillo. La banda derecha era un solar.

Parecería un equipo bastante apañado el Manchester, donde todos los jugadores se preocupaban en hacer coberturas, desde Blind a Rooney pasando por Falcao. El segundo gol no se demoraría demasiado con una pequeña obra de arte de Di María, que elevaría el balón sobre Kasper Schmeichel. La rúbrica a lo bien que estaría jugando el argentino. No obstante apenas tuvo tiempo para celebrarlo: instantes después, Leo Ulloa, guerrillero del gol que pasó por la Liga, acortaría distancias de cabeza. No sería descabellado: buena trayectoria la del delantero argentino en la Premier. El primer tiempo no vería más goles, ya que me guardaría el resto para el segundo tiempo. Mientras tanto, estaría bien que en las vallas publicitarias The Sun anunciase su cuenta de Twitter con un presunto Deadline Day en el que se podría “esperar lo inesperado”, como que Henry volvía al Arsenal o el United iría a por Tévez.

En la segunda parte también sería el Manchester quien marcaría primero con un buen gol de Herrera de tacón. Van Gaal celebraría con ahínco el 1-3, sin imaginar siquiera lo que le vendría encima. Todo empezaría con una discutible decisión arbitral en un presunto penalti de Rafael a Vardy que no falló Nugent. Desconcertado se quedaba el lateral brasileño, que estaba dando en la segunda parte algo más de profundidad a la banda derecha de los red devils. Por si fuera poco, dos minutos después Cambiasso empataría el encuentro aprovechando la pasividad de la defensa visitante con un disparo desde dentro del área. El centrocampista argentino, que promedió unos cuatro goles en sus diez campañas en Italia, marcaría así su primer gol con los Foxes en su segundo encuentro.

Todo esto lo estaba viendo desde el banquillo Craig Shakespeare, ayudante del entrenador del Leicester, aunque la tragedia sería para el Manchester: Vardy certificaría la remontada tras aprovechar un error de Mata, que había entrado en la segunda parte, y Ulloa haría el quinto tras un absurdo penalti de Blackett que le costó la expulsión. El partido, que habría llegado a estar 1-3 en el minuto 60, acabaría con un 5-3 final para el Leicester.

Eché un último vistazo a la camiseta del Manchester mientras imaginaba el pitido final del partido, sonreí y dejé la camiseta en su sitio mientras pensaba que un partido así sería muy poco probable.

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Gabriel Caballero

Periodismo
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