La baraja sigue sin romperse

A estas alturas de campeonato si algo hay en claro es que toca rendirse al Atlético de Madrid por llegar en plenas facultades, y metido de lleno en la peleíta, a lo que se suponía que iba a ser una lucha sin cuartel entre el Barcelona y el Real Madrid. Que los del Cholo sigan ahí arriba, opositando sin tregua para alzarse con el trono, es la buena nueva que nadie esperaba a principio de temporada, sobre todo porque a priori los colchoneros habían dejado escapar a su particular joya de la corona, Radamel Falcao. Pero hete aquí la explosión de Diego Costa como punta, el manejo de las piezas de su puzle de Simeone y las ganas de no desfallecer de una plantilla que, no olvidemos, también se encuentra entre los ocho mejores equipos del Viejo Continente. Llegados a este punto, no queda otra cosa que empezar a creer que es posible llevarse una Liga que este curso ha sufrido un grave trastorno en su bipolaridad.

El triunfo del Atlético frente al Athletic Club en el nuevo San Mamés es un golpe de autoridad que no refleja la apretada clasificación. La encabeza, pero tiene el aliento del Barça en el cogote. Su victoria en Cornellà, con polémica arbitral incluida, le dejó momentáneamente en la cima de la tabla, trasladando una presión que el todavía líder se sacudió de la mejor manera. Los del Tata Martino vencieron a su peor enemigo, ellos mismos, ganando un duelo a las cuatro de la tarde, hora en la que se habían acostumbrado a echarse la siesta antes de las lamentaciones. Gracias a un penalti que engrosará las tertulias futbolísticas nocturnas de la tele y que no falló Messi, ni deslumbró ni desentonó. A estas alturas el qué es más prioritario que el cómo.

La jornada sabatina la cerró el Real Madrid contra el Rayo. Un buen manjar con el que pagar los platos rotos. Los de Jémez pueden pisar el Bernabéu con todas sus buenas intenciones, pero que los blancos se dejen volver a asaltar su feudo la misma semana en la que la euforia se ha rebajado hasta límites insospechados, suena a temeridad. Así que exhibición blanca y a otra cosa mariposa. Eso sí, el coliseo blanco, o alguna parte de él, no tuvo suficiente con la manita —con golazo incluido de Morata, que ya le tocaba al muchacho— y dedicó algunos sorprendentes pitos a Cristiano Ronaldo. Algo habituales son los que escuchó Diego López por parte, seguramente, de los que siguen divididos, y en favor de Casillas, en el eterno debate de la portería que propulsó Mourinho el año pasado y que arrecia cuando van mal dadas. Con todo, el Madrid no se descuelga: a tres puntos del Atlético con 24 por disputar. De momento, nadie rompe la baraja.

Sobre el autor Ver todos los posts

Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.