Messi desencadena la reconciliación

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Ver desplomarse como anoche se desplomó Boateng ante el quiebro de Messi provoca esas ganas de sentarse enfrente del ordenador y constar en acta que el argentino sigue siendo el mejor futbolista del mundo. Se trata de contar, sin que se note la profunda admiración, cómo un futbolista puede ser capaz, él solito, de reconciliar cualquier aficionado, tenga los colores que tenga, con un fútbol cada vez menos romántico, un deporte que, como sucede en muchos otros, parece que vivió hace años su lado más amable. Quizá simplemente se trate de una revelación, del despertar de un aficionado más que vivía en coma esperando algo que le abriera los ojos. Y lo de Messi, ante el Bayern de Múnich, es de esas cosas que uno, cuando pase el tiempo, podrá explicar orgulloso que lo vivió.

Messi, de menos a más

No sólo porque le rompiera la cadera al bueno de Boateng hay que ponderar al argentino. Su rendimiento, como dicen los números y las estadísticas, ha ido in crescendo con el paso de los meses, dejando atrás un curso, el pasado, en el que se vio la versión más apática y más humana que culminó con un Mundial en el que sorprendentemente acabó con un Balón de Oro al más puro estilo Mayweather contra Pacquiao. A Messi se le ve mucho más maduro, más hombre, menos niño. Pero a diferencia de muchos otros, mantiene esa ingenuidad sobre el terreno de juego que le permite teletransportarse a cualquier cancha de cualquier barrio de Argentina, cuando todavía era un embrión de lo que es hoy, y colarse por la rendija de cualquier defensa, encontrar el punto exacto, y erigirse rey de la fiesta. Sucedió cuando el 0-0 reinaba el marcador del Camp Nou, cuando el cansancio se hacía notar, cuando el Bayern estaba próximo a salirse con la suya. El talento es imparable, dijo Guardiola sobre Leo. Y Messi tardó 24 horas en constatar la afirmación de su otrora mentor.

Luis Enrique, el autor silencioso

Se puede decir que las siglas ‘MSN’ son el pseudónimo con el que se conoce a Luis Enrique Martínez. Messi, Suárez y Neymar: el asturiano ha conseguido que el tridente funcione como un reloj, que los tres cracks se entiendan, hablen el mismo idioma, se cabreen casi por igual y sean, a fin de cuentas, felices por el protagonismo que están teniendo y que ya han dado al Barça más de un centenar de goles este ejercicio. A Lucho se lo querían cargar tras el famoso partido de Anoeta. Aquel fatídico mes de enero en el que el Barça parecía tirar la temporada por la borda, en el que de golpe y porrazo todo parecía ser transitorio. Echaron a Zubizarreta, Puyol hacía las maletas sin prácticamente haberlas deshecho y Bartomeu anunciaba elecciones. Para colmo, la relación entre el técnico y Messi no era la soñada. Sin saberlo, quién sabe, puede que ahora sea igual de distante o cercana, pero lo que está claro es que Luis Enrique ha sabido apaciguar los ánimos, driblar las críticas y lo más importante de todo, llegar al mes de mayo con la final de la Champions a noventa minutos, la Liga a como mucho 270 y la Copa del Rey a tiro. Esto, en enero, hubiese tenido la mayor cuota de la historia en las casas de apuestas si a alguien se le hubiese ocurrido pensarlo. Y Luis Enrique, autor en la sombra de este equipo, tiene un mérito que francamente no se le reconoce como mereciera.

Guardiola y el monstruo que creó

Leía en vísperas al partidazo de anoche que Guardiola se enfrentaba al monstruo que él mismo creó, alimentó y al que tristemente abandonó para incomprensión popular. Pep representa al mejor Barcelona de la historia, al equipo que logró todos los títulos habidos y por haber. Pero desde que se marchó, primero para pasar un año sabático y luego para tomar las riendas del Bayern, el monstruo que creó ha vivido etapas en las que su cara no asustaba a nadie. En las que el Barça se convirtió en un equipo predecible, en el que lo que aparentemente algo tan fácil como colocar las piezas del puzle y esperar una gran obra, no era tan sencillo. Etapas en las que su marcha parecía haber puesto fin al hambre por el triunfo. Tras dos temporadas, primero con Tito Vilanova y Jordi Roura, y después con Tata Martino, es la versión actual, la de Lucho, la que más se parece a la de Pep. Para igualarla queda un mundo, pero tampoco es necesario. El triplete no es una utopía y el arquitecto de este Barcelona pudo comprobar anoche que sin él, también es capaz de todo. Queda una vuelta en el Allianz Arena que promete, y mucho, pero en Can Barça no se olvidan de aquel ‘Baño de Múnich’. Esta vez, a diferencia de aquella, llega con el estómago vacío.

Favoritos en Alemania

El 3-0 de ayer no deja lugar a duda: el Barcelona es el favorito para adquirir el billete a la final de Berlín. Desde ayer hasta la semana que viene son los firmes candidatos no sólo a resolver en Múnich, sino en la capital germana, sede de la finalísima. El Real Madrid sufrió más de la cuenta ante la Juventus y la Juventus, que ganó, era la gran subestimada de estas semifinales. Como si del Bate Borisov se tratara. Pero los de Allegri, campeones ya del Scudetto, tienen en la Champions su gran aliado. También el Madrid, que si bien suspira por la Liga sabe que tiene la final a un gol. Pero claro, habrá que ver de lo que es capaz en el Santiago Bernabéu para asegurarse que el sueño de la undécima no se debe a un bostezo y sí a una realidad. Si tras la goleada del Bayern al Oporto cambiaron las tornas y los bávaros parecían los grandes favoritos al título de Champions, ahora mismo, y a la espera de lo que suceda dentro de una semana, ese reconocimiento vuelve a corresponder al Barcelona.

Foto | ESPN

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.