Hacer la cama o hacerse el dormido

Miroslav-Djukic-Valencia

De poco o nada le han servido a Djukic las pataletas públicas hacia sus jugadores. Está demostrado, o eso parece en Mestalla, que los trapos sucios se han de limpiar de puertas adentro. Descargar la ira de vez en cuando forma parte de la naturaleza de cualquier entrenador, sobre todo después de perder un partido, donde la calentura y el cabreo sigue vigente. Sin embargo, convertir la excepción en regla resta efecto al mensaje. El serbio no ha dudado desde su aterrizaje en Valencia en despotricar sobre sus hombres si ha sido menester y parece que la estrategia teóricamente motivadora ha tomado tintes contraproducentes. Ayer el Valencia perdió de mala manera en casa contra el Swansea por 0-3. Y el estadio la tomó con los jugadores. Es extraño ver pañuelos blancos en septiembre. No lo es tanto el escenario.

La llegada de Djukic provocó una ilusión inusitada en un banquillo que en los últimos años más que banquillo ha hecho las veces de silla eléctrica. Prácticamente ningún entrenador ha salido de Mestalla sin sufrir algún tipo de cortocircuito. Incluso Emery, el técnico que les hacía campeones de la otra Liga casi cada año, tuvo que marcharse por patas. Ernesto Valverde sí parecía haber convencido a la parroquia ché durante el tramo que dirigió al club, pero acabó rechazando la continuidad ante la inestabilidad del proyecto y acabó largándose al Athletic. Djukic, tras dar sus primeros pasos al frente en Valladolid, donde guardan un gran recuerdo suyo, asumió el difícil reto de hacer volver por sus fueros al Valencia en una Liga de dos.

Y sí, en pleno mes de septiembre se han encendido las luces de alarma. Y las sirenas. Se ha encendido todo menos la bombilla a los jugadores. Ante el Swansea, para su fortuna el rival menos malo con el que se cruzará el Valencia en la primera fase de la Europa League, una estúpida expulsión de Rami a los diez minutos desencadenó la tragedia. Uno, dos y tres. Tres goles que dejaron Mestalla con cara de hoja en blanco. La reacción no se hizo esperar, que aquí alguien tiene que pagar los platos rotos. La inconformidad es lógica: hay jugadores, pero no hay equipo. Hay entrenador, pero no reacción. Algunos se atreven a apuntar que le están haciendo la cama a Djukic cuando probablemente lo que se estén haciendo son los dormidos.

Ayer, pese al desaguisado, no hubo reprimenda pública. Una buena forma de abrir los ojos.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.