Quién sabe si de no haber pasado lo que ha pasado, Martin Braithwaite se hubiese hinchado a goles en las diez jornadas que ya se hubiesen disputado si la situación global no fuese la que es. El danés llegó al Barcelona deprisa y corriendo, en una operación en la que la directiva blaugrana fue señalada por hacerlo como lo hizo: pagando su cláusula de 18 millones a un Leganés sin margen de maniobra que peleaba ―y pelea― por no descender a Segunda.

El danés fue la solución de emergencia a la grave lesión ―la enésima― de Dembélé, ocupando su ficha en Liga, donde de paso debía cubrir la posición de Luis Suárez, también KO por esas fechas. El Barça tuvo todo el mercado de invierno para reforzar una plantilla con serias carencias, pero no fue hasta la lesión de Ousmane cuando decidió arrebatarle al penúltimo clasificado, con alevosía y nocturnidad ―pero con toda legitimidad―, su delantero referencia tras el traspaso de En Nesyri al Sevilla.

Si el coronavirus no hubiese llegado a nuestras vidas, a Braithwaite únicamente le quedaría una jornada por delante ―la última― para demostrar que tiene lo que hay que tener para seguir vistiendo la elástica culé el próximo curso. Y es que a pesar de haber firmado hasta el 30 de junio de 2024, muchos ya le veían lejos del Camp Nou una vez finiquitado el curso. Una duración de contrato que, por cierto, sorprende teniendo en cuenta el perfil del atacante y, sobre todo, el rol que teóricamente iba a desempeñar.

El expepinero, que acumulaba seis dianas en la competición, jugó 18 minutos en su debut, 21 en su segundo examen (donde los azulgrana cayeron en el Bernabéu) y 89, en su primera titularidad, ante la Real Sociedad. Ante los donostiarras demostró carácter y gozó de alguna buena ocasión para ver puerta, llevándose incluso el aplauso de la grada barcelonista. Lo que vendría después, ya todos lo sabemos.

Estos más de dos meses de parón ―que superarán los tres si se reinicia LaLiga el 12 de junio― han impedido al internacional no sólo tratar de cumplir su cometido, sino que han servido para que Luis Suárez, cuyo parte de baja auguraba cuatro meses de baja allá por enero, se vaya recuperando de su operación de rodilla y pueda, con casi toda probabilidad, ayudar a su equipo en el tramo final de temporada. Algo que, irremediablemente, choca con el propósito de su ‘sustituto’.

Y a quien Braithwaite ‘birló’ la ficha también sigue los pasos del uruguayo. Dembélé sigue su rehabilitación y si nada se tuerce, porque con el galo hay que andar con pies de plomo, también podrá aportar su granito de arena en lo que queda de Champions, que no es poco. Sin embargo, no podrá participar en ninguna de las 11 jornadas que quedan por delante de la competición doméstica porque fue dado de baja tras la llegada del ex del Middlesbrough.

En unas semanas en las que su nombre no deja de aparecer en las quinielas de quienes abandonarán el barco blaugrana, el danés se desmarcó con una ambiciosa declaración de intenciones: “Me quedaré más de cuatro años y medio en el Barcelona”. Lo dijo en medio de los rumores no sólo que le colocan lejos de la Ciudad Condal, sino de los que sitúan en ella a Neymar y, sobre todo, a Lautaro Martínez.

Si el reto del delantero de 28 años ya parecía complicado cuando aterrizó en Barcelona, ahora, que parece encabezar la lista de transferibles y que su nombre no aparece entre los elegidos para la línea ofensiva del próximo ejercicio, lo es más. Por delante, 11 nuevas fechas para silenciar la rumorología y cumplir su contrato. Y que su buen augurio se haga realidad: “Quiero convertirme en una leyenda del Barcelona”.

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Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.