Tirar el pedrusco y esconder la mano

John Clarkson John Clarkson es, para ponernos en situación, el mánager y entrenador del Ontinyent CF, de la Segunda División B. Su labia es inconfundible, sus ruedas de prensa en ‘spanglish’ inentendibles y la última de ellas, incendiaria. El jueves citó a los medios de comunicación para explicar que uno de sus jugadores le había confesado, horas antes, que un intermediario le había hecho una llamada telefónica la noche anterior ofreciéndole 20.000 euros por hacer un penalti o ser expulsado en uno de los próximos envites del conjunto valenciano. En ningún momento dijo el nombre del futbolista delator ni el del club de origen del soborno, pero mientras lo primero lo consiguió encubrir, de lo segundo no quedó duda alguna.

Las pistas que fue dando a los periodistas descubrieron que en la diana de sus acusaciones estaba el Gimnàstic de Tarragona. Aseguró que se trata de un rival con el que jugará el Ontinyent en casa en dos o tres semanas y antes de enfrentarse al Badalona. Para más inri, sus insinuaciones sobre el equipo grana cobraron todo el sentido cuando afirmó que «este equipo, hoy, ha ganado muchos partidos». Blanco y en botella. El Nàstic ha cosechado siete victorias consecutivas en las últimas siete jornadas. 21 de 21 puntos. De un inicio desastroso a una racha inimaginable en Tarragona hace sólo unos meses. Eso sí, para los que seguimos la actualidad del equipo que entrena Javi Salamero, el camino no ha sido sencillo. La semana pasada, sin ir más lejos, se enfrentó al eterno rival, el Reus, en territorio enemigo. Saldó el choque con una victoria convincente, en un ambiente enrarecido y con un adversario extramotivado. Un triunfo con todas las de la ley, fruto de una progresión que, con la llegada del citado Salamero al banquillo y los fichajes del mercado de invierno, han relanzado una plantilla sumida en la inadaptación a la categoría desde que comenzó el curso. Una racha que diciendo sin decir pone en entredicho el tal Clarkson, en cuya mente debería estar sacar a sus pupilos de la zona baja de la clasificación y no sacar a la luz escándalos sin pruebas.

Difama, que algo queda, parece haber pensado. El Nàstic, ante el alud de pistas lanzadas por el técnico escocés, se ha sentido, comprensiblemente, aludido y no ha dudado en tomar cartas en el asunto. La broma le puede salir cara al Ontinyent, pues el que será su rival el próximo 28 de abril, antes de medirse al Badalona y después de haber ganado muchos partidos, ha pedido un millón de euros por «daños a la imagen y la honorabilidad». Un dinero que quizá Clarkson pueda imaginar que irá dirigido a nuevos sobornos, pero que la maltrecha economía del Nàstic agradecerá si finalmente logra alcanzar los play-offs —a cinco puntos— y, quién sabe, el ascenso a Segunda. El Ontinyent, lejos de desmarcarse, y por medio de su presidente, publicó ayer un comunicado en el que respaldaba las declaraciones de Clarkson a la vez que se cubría las espaldas asegurando que en ningún momento se citó al Nàstic ni a ninguno de los equipos del Grupo III al que pertenece. Tan contradictorio y absurdo como la rueda de prensa de su mánager-entrenador-tirador-de-pedruscos-y-escondedor-de-la-mano.

Más información | Diari de Tarragona
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Foto | Benicadell Esportiu

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.