El séptimo día de fútbol en Francia vino a confirmar lo que muchos ya nos olíamos. Que esta Eurocopa mola. Mola ver a selecciones con escaso caché liándosela parda a teóricas candidatas. Mola ver como esos combinados que parecen metidos con calzador consiguen que sientas atracción por conocer de dónde vienen y quienes los integran. Mola porque parece que nadie les haya invitado a la fiesta y se han convertido en los reyes de la misma. Hablo de las que son capaces de poner en aprietos a más de una de esas selecciones con cara y ojos y que terminan ruborizados y sollozando de la rabia. La Eurocopa mola porque hasta el final de cada partido puede pasar cualquier cosa. De hecho, la mayor parte de las cosas suceden al final. Te obliga a estar atento. Porque Albania, Gales, Eslovaquia, Eire, Islandia o como ayer Irlanda del Norte no han viajado al país galo de turismo.

Mola más lo que se ve sobre el rectángulo de juego de cualquiera de los estadios que lo que sucede en las ciudades que los albergan. Porque por mucha amenaza que imponga la UEFA, los cafres disfrazados de aficionados, los que utilizan el fútbol como excusa y Francia como escenario para sus fechorías, siguen haciendo de las suyas. La UEFA no expulsa a ninguna selección cuyos seguidores no estén bien del tarro. No creo que sea la mejor solución, pero tampoco tiene visos de llevarse a cabo. Día sí, día también, se repiten escenas dantescas que ponen en evidencia la seguridad en el país vecino en torno a esta Eurocopa. Y lo cierto es que preocupa. Como siempre, parece que quien dirige el cotarro espera a que suceda algo grave, algo insalvable, para tomar medidas y esposar y echar a los descerebrados que viajan a Francia a estorbar.

Dicho esto, que desgraciadamente va quedando impune, destacar de ayer que un tipo de 36 años llamado Gareth McAuley se convirtió en el héroe del día al anotar el primer gol en la historia de Irlanda del Norte en una Eurocopa. Tras caer por la mínima ante Polonia en la primera jornada, los británicos se desquitaron con una rimbombante victoria ante una Ucrania que sin pena ni gloria se despide del torneo a pesar de contar con jugadores de reconocido prestigio como Konoplyanka o Yarmolenko. El veterano central, que abrió la lata en el inicio del segundo acto, y McGinn, que cerró el marcador en el alargue, mandaron para casa a los ucranios y pidieron número para estar en octavos. Para ello tendrán que lograr lo nunca visto frente a Alemania en la última jornada y esperar que la defenestrada Ucrania dé una alegría a los suyos ante los polacos que sirva de favor. En cualquier caso, estampas como las que ayer ofreció Lyon con los tres puntos de Irlanda del Norte son las que reconcilian con este deporte cuando destaca la violencia de forma paralela. El fragor de las modestas y los imprevistos del último suspiro permiten que esta esta Eurocopa, mal que les pese a unos pocos, mole.

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Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.