Este verano se vio a Zidane de vacaciones por Santander, lo que pilló por sorpresa. No porque alguien elija su bahía para desconectar en su tiempo de asueto, desde luego, pero sí llamó la atención. Pocos días después se confirmaba la cesión de su hijo Luca al Racing de Santander procedente del Castilla. Podría ser casualidad, pero no lo creo. Hubo disparidad de reacciones a la noticia, pero muchas se encaminaban al escepticismo: un portero joven sin experiencia más allá del filial madridista, al que se había valorado más por su apellido que por sus habilidades bajo los palos. No parecía la opción más adecuada para un Racing necesitado de experiencia y oficio en su regreso a la categoría de plata cuatro años después. No obstante, transcurridas ocho jornadas, Luca Zidane ha demostrado ser un portero muy solvente.

Poco sabíamos de Luca Zidane. Nos repitieron hasta la saciedad un par de jugadas con el Castilla en las que no salía bien parado, un resumen demasiado recortado de sus actuaciones, y por lo demás, se decía que si había llegado al primer equipo como tercer portero era por quién estaba en el banquillo. No es de extrañar que Luca dijese al llegar al Sardinero que necesitaba salir de Madrid para demostrar su valía. Por su parte, el Racing necesitaba un guardameta para acompañar a Iván Crespo, el portero del ascenso, capitán y muy apreciado entre la hinchada, lo que no le facilitaba las cosas a Luca. Pero el joven arquero de Marsella solo necesitaba ponerse bajo los palos para cambiar opiniones: sus actuaciones en los amistosos dejaron muy buenas sensaciones desde el principio.

Iván Crespo se lesionó el peroné antes de empezar la temporada, lo que le mantendría alejado de la portería tres meses aproximadamente. La titularidad de Luca parecía clara. Sus actuaciones no dejaron lugar a la duda, mostrándose como un portero ágil y con buenos reflejos, además de una capacidad notable para jugar con los pies, cualidad que Iván Ania, técnico verdiblanco, aprovecha para hacerle jugar como si de un líbero se tratase. De hecho, en ocasiones Luca parece aventurarse a jugar demasiado adelantado, como si quisiera lanzarse hacia adelante a emular las hazañas de su padre, con el consiguiente riesgo de que un robo de balón le dé algún susto.

Su actuación en el último partido ante el Numancia fue determinante. El partido concluyó 0-0, pero por ocasiones en ambas porterías podría haber acabado de cualquier otra manera. Luca Zidane sacó un par de balones haciendo gala de reflejos bajo palos, además de algún uno contra uno, suerte que también maneja con solvencia. Con ese empate, el conjunto verdiblanco sumó un punto a su casillero en una temporada en la que pelea por asentarse de nuevo en el fútbol profesional, y en la que Luca Zidane comienza a hacerse ya un nombre propio.

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Gabriel Caballero