El acelerador de Brasil

Neymar-Brasil

La Copa Confederaciones, un torneo que sirve a la FIFA para hacer caja, al anfitrión como interesante piedra de toque de cara a la organización del próximo Mundial y a los aficionados al fútbol para disfrutar un poco más de un calendario agotador, dio este sábado el pistoletazo de salida con el choque entre Brasil y Japón. La selección que dirige Scolari es, junto a Italia y España, la principal atracción de un torneo en el que si no participara la Roja probablemente nos daría igual. Sin embargo, a nadie le amarga un dulce, y a los de Vicente del Bosque saborear el caramelo de la Confecup supondría completar la cuadratura del círculo tras dos Eurocopas y un Mundial en el bolsillo. Pero no nos desviemos, que venimos a hablar de Brasil.

A la pentacampeona le ha bastado golear a los nipones para descorchar la botella de cava. Es normal porque seguramente hasta el enfrentamiento de anoche todo habían sido más dudas que certezas entre la torcida. De las apariciones que hasta la fecha había tenido Brasil, la del estreno en la Confederaciones es la que más convicción ha contagiado a sus fieles. No es para menos, la verdad. Aunque dista de ser aquel equipo que maravilló al mundo hace ya unos cuantos años, en el que su superioridad era insultante, la idea de convertir a Neymar en el eje en el que se soporta su candidatura ha surtido efecto, aunque queden otros defectos por pulir. Una buena noche la tiene cualquiera, sí, pero dejémosles disfrutar porque se lo merecen.

Se supone que Brasil tumbó a Japón —con varios jugadores ‘europeos’ en su once— sin pisar el acelerador. Se supone, digo, porque nadie que conozco ha visto pisar el acelerador a la Canarinha en su nueva etapa. De hecho, no sería desorbitado pensar que su mejor nivel es el mostrado en el estreno porque no hemos disfrutado de algo mejor desde que se hizo con las riendas Felipao. Aun así, se merece el beneficio de la duda aunque, tirando de tópico, lo cierto es que no es cómo se empieza y sí cómo termina. Neymar firmó el inicio soñado con un golazo que le reconcilia con la verde-amarilla y tapa la boca de sus detractores, cuya tesis asegura que vestido de internacional se empequeñece. Su diana demuestra todo lo contrario.

Como Neymar, otro que en breve puede cruzar el charco en breve es Paulinho, un pedazo futbolista con el que el Corinthians se frota las manos. Su nombre es menos mediático pese a ser un diminutivo con garantía de éxito, pero su fútbol y su peso en la absoluta le está haciendo ganar papeletas para embarcarse en una aventura europea. El centrocampista, que con 17 años jugó en Lituania y posteriormente en Polonia, está a punto de cumplir los 25 dispuesto a enrolarse en un campeonato europeo con cara y ojos. Suyo fue el segundo gol, una buena media vuelta en la que Kawashima, el portero nipón, abusó de condescendencia. Fue en el segundo acto. Con casi todo resuelto, dio tiempo de ver que Brasil cojea por atrás.

Japón trató de recortar distancias pero entre su torpeza arriba y el acierto de Julio César y entre las ocasiones mandadas al limbo con el 1-0 y el gol de Paulinho, sólo les quedó observar sin demasiado ahogo como Jo, al que para los que le perdisteis la pista tras su quiero y no puedo en el Manchester City, juega en el Atlético Mineiro y sustituyó en la lista al lesionado Damiao, remataba la faena. El que no jugó, y del que se espera mucho en un futuro no muy lejano, es Bernard, su compañero de equipo —y de Ronaldinho—. Su convocatoria merece, en parte, a razones de aclimatamiento. Se supone que quizá, y sólo quizá —Lucas Leiva o Ganso saben de qué hablo— debe ser un pilar de la Seleçao. Y quizá, y sólo quizá, si Scolari logra la credibilidad.

En NdF | Ronaldinho no estará en la Confederaciones

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.