claudio bravo betis

Guardaba Manuel Pellegrini cierto misterio en las horas previas al arranque de Liga acerca de quién sería el portero titular ante el Alavés: «Estamos decidiendo. Analizando una serie de conceptos en todos los puestos», aseguraba el chileno, que públicamente prefirió no mojarse ante lo que era un secreto a voces: que su tocayo, Claudio Bravo, iba a ser el elegido para la dura empresa de situarse bajo palos en la valla verdiblanca.

Y es el guardameta fue una petición expresa de su entrenador, que finalmente vio concedido su deseo el pasado 1 de septiembre. Los problemas en defensa que evidenció el Betis el curso 19/20 obligaban a la secretaría técnica heliopolitana a peinar el mercado de fichajes y encontrar, entre otros, un cancerbero con cara y ojos que pudiera competir con Joel Robles, cuyo rendimiento fue tan discreto como el del resto de sus compañeros. La primera opción era Rui Silva, pero no hubo acuerdo con el Granada. La segunda, Claudio Bravo, cristalizó.

El internacional, de 37 años, ha llegado y besado el santo. Y es que no ha podido tener un mejor estreno con su nueva zamarra. Cuando el empate a cero reinaba en Mendizorroza, un saque de esquina que cabeceó Battaglia fue rechazado en primera instancia por Bravo: el rebote cayó en las botas de Laguardia que, a bocajarro y con todo a favor, se topó de nuevo con el cuerpo del meta. Una doble parada que salvó a los suyos y que, a la postre, con el tanto de Tello en el alargue y la consiguiente victoria bética, cobraría más relevancia si cabe.

Pero no únicamente sus reflejos brillaron en su debut. También sus dotes de mando, una cualidad necesaria a la hora de ordenar la defensa. Pese a ser un recién llegado, demostró su veteranía y asumió unos galones que la maltrecha defensa del Betis precisaba como agua de mayo. La comunicación con sus compañeros fue una constante y, no contento con ello, también expuso sus habilidades con el balón en los pies, un talón de Aquiles para muchos de sus homólogos, y uno de los motivos por los cuales ha terminado jugando en clubes como Barcelona o Manchester City.

Precisamente en el Etihad Stadium había asumido en las últimas temporadas el rol de segundo portero, a la sombra de Ederson. Únicamente en su primer curso de citizen fue titular. Llegó para sustituir a Joe Hart, que no era del agrado de Pep Guardiola, y hasta una lesión en el tramo final, fue indiscutible por delante de otro veterano como Willy Caballero. Sin embargo, al año de aterrizar en la escuadra mancuniana, la fuerte inversión ―40M€― realizada por el joven Ederson le convirtió en habitual del banquillo.

La lluvia de elogios recibida tras su buen arranque en el Betis contrasta con la de críticas que tuvo que soportar cuando debutó con el Manchester City. Fue ante nada más y nada menos que el United y en una falta de entendimiento con su compañero Stones, que torpedeó su salida y el balón que iba directo a sus manoplas terminó escurriéndose para terminar en las botas de Ibrahimovic, que no perdonó y recortó distancias en un derbi que terminaría cayendo del lado de los sky blues. Tras aquella, vinieron grandes atajadas y nuevos errores que incluso alguien en este océano llamado internet, tuvo la ‘cortesía’ de compilar.

Es la dura profesión del dueño del pórtico. El acierto se considera natural y el error te condena. Claudio Bravo, que nadie tenga dudas, cometerá también fallos bajo el confuso arco verdiblanco. Como le ha pasado en tantas ocasiones a él y a los más grandes. Pero las hechuras de líder, la seguridad que contagia a sus compañeros y esa confianza que emana gracias a su experiencia, es algo que le viene como anillo al dedo a este Betis que, por fin, quiere despegar.

En NdF | LaLiga 19/20: Real Betis, equipo más decepcionante

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Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.