Por primera vez desde que el fondo de inversiones Qatar Investment Authority se hizo con el PSG con la idea de convertirlo en el mejor equipo de Europa, el conjunto francés logró meterse entre los cuatro mejores del Viejo Continente. Han sido necesarios 1.242 millones de euros para pisar unas semifinales de Champions League, un escenario que no conocían en la capital gala desde hacía 25 años. Desde que Nasser Al-Khelaïfi asumió el proyecto parisino, en 2012, en cuatro ocasiones había alcanzado los cuartos y en las últimas tres ediciones no había pasado de octavos de final.

Y si hay un futbolista que representa la política de fichajes del PSG ese no es otro que Neymar, su refuerzo más caro (222M€): la apuesta que debía marcar un antes y un después en el ambicioso plan subvencionado por los petrodólares catarís. Y fue el brasileño, en una noche en la que sacó a relucir todo el talento que llevaba guardando años, el que trajo de cabeza la confusa zaga del Atalanta, dignísimo rival que acarició con las yemas de los dedos el pasaporte a semis y al que le sobraron cinco minutos para lograr la hazaña. El 10 fue el mejor de los Thomas Tuchel durante los 90 minutos y el alargue, asumiendo la responsabilidad que años atrás los problemas físicos le privaron de tomar.

Y es que las últimas apariciones de Neymar en este blog no fueron para elogiar, precisamente, su espectacular trabajo sobre el verde, sino más bien sus desaires y su ausencia en las grandes citas por lesiones en momentos clave. Las que no le permitieron estar en las dos últimas eliminatorias en las que el PSG cayó en octavos. La redención de Ney tuvo lugar en Da Luz, coliseo perfecto para reivindicar que su magia sigue intacta, que un rectángulo de juego pocos futbolistas hay tan desequilibrantes como él. Suyas fueron las mejores acciones de los franceses ante los bergamascos, que en la primera mitad vieron como el paulista fallaba dos clarísimas ocasiones, pero al tiempo, hacía lo que quería con su defensa.

No se vino abajo Neymar, que ni con el golazo de Pasalic bordeando la media hora dejó su catálogo de genialidades de lado. Estaba motivado, era su noche, y aunque falló en la definición, una de esas facetas en las que no suele errar, siguió golpeando la puerta. A los de Gian Piero Gasperini se le fue haciendo largo el encuentro, que iniciaron con el sello ofensivo que les caracteriza y terminaron demasiado encerrados, en un contexto en el que demostraron no estar nada cómodos. El factor Neymar también fue diferencial, como también la salida al campo de Mbappé. A tumba abierta, toda la dinamita que en su poder poseía Tuchel fue entrando en escena. El Atalanta, entre tanto, echó mucho de menos a su baja más sensible: Ilicic ―autor de las cuatro dianas al Valencia en la vuelta de octavos disputado en Mestalla―.

Cuando la sorpresa estaba a punto de saltar, cuando a Tuchel se le estaba redactando el finiquito y cuando al Atalanta comenzaron a flaquearle las piernas, llegó el empate tras un balón colgado al área de Choupo-Moting que cayó en las botas de Neymar, que la puso para que Marquinhos, con la ayuda de Caldara, desatara la euforia y forzara, a priori, la prórroga. Era el minuto 90 y no, no todo el pescado estaba vendido: un nuevo servicio de Neymar sobre la carrera de Mbappé y la aparición estelar una vez más Choupo-Moting desde atrás colocó el 1-2 en el 93’. El germano-camerunés, inscrito de chiripa en la Liga de Campeones, también fue clave en una remontada in extremis con la que Al-Khelaïfi soñaba 1.242 millones de euros atrás. Y en la que el 18% de esa inversión ―Neymar― resultó ser, de una vez por todas, determinante.

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Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.