javier aguirre leganes

Escuchando a Javier Aguirre después del empate (0-0) del Leganés ante el Granada, en un partido en el que el cuadro pepinero malogró un penalti a 25 minutos de final, uno llega a creer que la salvación de los blanquiazules es posible.

El mexicano es todo carácter, un tipo peculiar curtido en mil batallas que ya ha dejado su huella en clubes como Osasuna, Atlético, Real Zaragoza o Espanyol. En Pamplona logró la gesta, hace casi dos décadas, de convertirlo en la revelación de la temporada, llevándolo a una histórica cuarta plaza. En Madrid estuvo algo más de temporada y media, terminando destituido por culpa ese factor que hace trizas a los entrenadores como son los malos resultados.

Luego pasó por La Romareda, por el que firmó en noviembre de 2010 para salvar a los maños del descenso y lo logró en la última jornada. Un año más tarde, nuevamente una racha negativa le llevó también a rescindir su contrato con el cuadro blanquillo.

Fue en ese momento cuando su nombre se comenzó a asociar a ese tipo de entrenadores a los que se les llama en caso de urgencia: el entrenador ‘112’. Un agitador de vestuarios. Un técnico que motiva solamente con escucharle. Así, otra vez en noviembre, pero de 2012, fue el Espanyol el que llamó a su puerta para suplir a Pochettino, que había dejado a los pericos colistas. Dos temporadas más tarde abandonó Cornellà-El Prat con dos permanencias a sus espaldas.

Tras un exótico paso por los Emiratos Árabes Unidos dirigiendo al Al Whada, con el que consiguió tres títulos en dos campañas; y uno fugaz como seleccionador de Egipto entre 2018 y 2019, se quedó sin entrenar hasta que el proyecto del Leganés para este curso empezó a hacer aguas. El ‘Vasco’ suplió en el cargo a Luis Cembranos, interino tras la dimisión de Mauricio Pellegrino. Y sí, la llamada se produjo también en noviembre.

Llegó a Butarque con el equipo ocupando el farolillo rojo de la clasificación, habiendo sumado únicamente cinco puntos en 12 jornadas y situado a seis de los puestos de salvación. Diez partidos después, el Lega logró salir de la quema tras su victoria ante la Real Sociedad. Esa jornada, la 22, fue la única en la que estuvo fuera de los puestos de descenso, en un partido en el que Óscar Rodríguez, con uno de sus característicos latigazos, desató la euforia en el feudo blanquiazul con el tiempo cumplido.

Mala planificación; malos fichajes

A Aguirre tampoco le benefició el mercado de fichajes. Primero con la salida de En-Nesyri rumbo a Sevilla y poco después, con la de Braithwaite al Barcelona. Aquella maniobra del conjunto culé dejó sin uno de los pocos argumentos ofensivos de la escuadra leganense, más debilitada si cabe. Con las arcas llenas (20+18 kilos entre sus dos referentes arriba) pero con serias carencias, las cesiones de Miguel Ángel Guerrero (Olympiacos) y Roger Assalé (Young Boys) tampoco han resuelto el problema goleador.

Ambos llegaron el último día de mercado y ninguno ha logrado el cometido por el que fueron fichados. Cero goles suman entre el toledano y el marfileño, que al menos puede ‘presumir’ de haber dado dos asistencias. Guerrero, de hecho, tuvo ante el Granada la oportunidad de estrenarse como pepinero en su segunda etapa pero su penalti, a media altura, lo detuvo Rui Silva con una perfecta estirada.

Para más inri, Guido Carrillo, el otro ‘9’ del Leganés y que el año pasado anotó 6 dianas, se lesionó ante el cuadro nazarí. Eso sí, su influencia en el aspecto ofensivo este curso también ha sido insuficiente, con un único tanto en 23 apariciones.

No es de extrañar, pues, que Aguirre deslizara en la rueda de prensa postpartido que un chaval de la cantera que se ha venido entrenando con el primer equipo estas últimas semanas, tome la alternativa. “Hay un chico ahí del B, que es delantero centro, que es bueno. Ya verán”. El atacante en cuestión es Manu Garrido (20 años), y es una de las alternativas ya a la desesperada que maneja el mexicano para terminar con la falta de pólvora en el área contraria.

Parece claro que si el Leganés se salva, lo hará prácticamente sobre la bocina. La pelea por la salvación está siendo titánica y dejar escapar una oportunidad como la que tuvo Guerrero ante el Granada coloca a los suyos a cuatro puntos de la salvación que al final de la jornada pueden ser siete. La planificación deportiva no ha sido la adecuada, los fichajes en ambas ventanas no han respondido y a ello se le suman factores imprevistos como ‘lo’ de Braithwaite.

La sensación que transmite Aguirre, con todo, es encomiable. Lejos de bajar la cabeza, de buscar culpables, de achacar a los suyos ciertos errores puntuales de bulto, asume la responsabilidad y no piensa arrojar la toalla en ningún momento. Solamente falta que ese mensaje cale en un vestuario capaz de darle la vuelta a la situación pero que debe creérselo, como cuando Óscar Rodríguez toma carrerilla para ejecutar un libre directo.

Tras disputar cuatro partidos en 10 días, tendrá cuatro para preparar el siguiente, crucial ante Osasuna. Aunque ahora mismo pinten bastos para el Lega, el Vasco ya obró el milagro tanto en el Zaragoza como en el Espanyol. ¿Será capaz de agregar una nueva hazaña a su trayectoria?

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Fernando Castellanos

Periodismo deportivo en vena. En NdF desde 2006. Hacer todo lo que puedas es lo mínimo que puedes hacer.