ajax vs real madrid

Es difícil de explicar. De hallar palabras, de encontrarle la lógica. Sin embargo, y como suele suceder en la vida, al final todo es más sencillo de lo que parece. Y no necesariamente debe estar alineado con el sentido común. Porque a veces pasa que el equipo que va de blanco, en pleno mes de febrero, y cuando se viste de corto en la máxima competición continental, hace recordar la mítica frase de Gary Lineker sobre Alemania, pero con un par de matices: “La Champions es una competición en la que juegan once contra once y siempre gana el Real Madrid”.

Y si no, que se lo pregunten al Ajax —su última víctima— tras dar un recital del que obtuvo el reconocimiento de su afición, del rival, de quienes vieron el partido… pero del que salió maltrecho y con pie y medio en la cuneta europea. Los holandeses dieron un baño al Real Madrid pero terminaron perdiendo por 1-2. Es seguramente lo que diferencia a cualquier otro club del merengue; lo que hace que la Oreja sea para él un imán del que no puede despegarse. Como esa relación de pareja que no hay crisis, ni infidelidades, ni depresiones, que destruya. El amor que siente el escudo del 13 veces campeón por la Liga de Campeones es incondicional.

El conjunto de Solari pasó en el Johan Cruyff Arena de poder terminar en la tumba a hacerlo vivito y coleando. Una sensación que no es nueva, la de que un equipo juegue muy bien y se marche de vacío ante el Madrid, y que en la ida de los octavos de final alcanzó su máximo esplendor. Los ajacied, lejos de la imagen ofrecida en sus últimos compromisos, salieron al verde a no decepcionar y lo lograron con su clásico fútbol contemporáneo, desarbolando un adversario que terminó encajando un gol al filo del descanso que, tras mucho celebrar y más merecer, el VAR desmintió.

Continuaron las tablas tras el receso y al final pasó lo que tenía que pasar: que Vinicius se escurrió por su banda, trazó una perfecta diagonal, dejó atrás a todo aquel que pudo y le puso en bandeja de plata a Benzema el primero de la noche. El Ajax, con nada que perder y mucho que ganar, siguió manteniendo su esencia, buscando igualar hasta lograrlo por medio de Ziyech. Los nervios parecían florecer en el banquillo madridista y entre otros, su técnico dio entrada a Asensio. Así, a tres del epílogo, el balear culminó una jugada iniciada tras un robo de balón de Mariano después una delicatessen en mal lugar del autor del tanto local. Casemiro abrió a banda y Carvajal la puso medida. Sólo hubo que empujarla. Un tierno Ajax jugó con fuego ante un Real Madrid sin escrúpulos cuando en liza hay ‘su’ Champions.

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Fernando Castellanos

Editor de NdF desde 2006 y periodista deportivo desde hace un poco menos.